Un diagnóstico neurodivergente puede ser una noticia compleja para un grupo familias, así como también para el paciente, pero en ocasiones uno de los padres no logra superar la realidad, entrando en negación o en la búsqueda excesiva de “por qué”. La directora del Observatorio de Neurodiversidad de la Universidad Andrés Bello explica la realidad frente a estas respuestas.
El proceso diagnóstico genera un profundo impacto en los padres de niños y niñas autistas. Comprender sus estrategias de afrontamiento, el peso de los roles de género en el cuidado y sus necesidades de apoyo es fundamental para promover un acompañamiento clínico integral y el bienestar de toda la familia. La confirmación de un diagnóstico de autismo marca un momento de profunda transición para las familias. Este periodo suele describirse como una etapa prolongada y emocionalmente demandante.
Así lo explica Andrea Mira, directora del Observatorio de Neurodivergencia de la Universidad Andrés Bello. “Muchos padres experimentan inicialmente sentimientos equiparables al duelo por la pérdida de las expectativas previas sobre el desarrollo de su hijo o hija, seguidas de una sensación de alivio al validar sospechas previas y poner fin a la incertidumbre clínica”, indica.
El derrumbe de las estructuras
A menudo, las construcciones sociales hacen recaer el rol primario de cuidador casi exclusivamente en la madre, lo que perpetúa el que los padres vayan quedando más alejados del proceso, incluso al momento de la evaluación. El impacto psicológico del diagnóstico y del periodo posterior a este es profundo y determinante para la dinámica familiar.
“Aunque las evaluaciones comparativas muestran que las madres suelen presentar mayores niveles de sobrecarga, los padres pueden exhibir puntuaciones de depresión significativamente elevadas, asociadas a las demandas del entorno y la severidad de los desafíos”, explica Mira.
Algunos estudios como el de Işık & Çakır del 2024, la sincronización en la pareja resulta determinante durante la adaptación postdiagnóstica. “Las discrepancias en los ritmos de aceptación entre ambos progenitores generan tensiones conyugales considerables, especialmente cuando coexisten actitudes de rechazo con demandas de cuidado. Por el contrario, la solidez del vínculo conyugal y el fomento de una parentalidad adaptativa actúan como factores protectores que mitigan el distrés psicológico”, relata la docente.
¿Cómo afrontan los padres este proceso?
La evidencia científica identifica que, para manejar las dificultades diarias, los hombres tienden a recurrir a técnicas cognitivas y prácticas. Andrea Mira explica que existes diferentes aristas a considerar:
· Enfoque en la resolución de problemas: El uso de estrategias centradas en problemas es el principal predictor de satisfacción vital en los padres, manifestándose en la búsqueda activa de información, la planificación educativa y la gestión financiera.
· Reestructuración cognitiva: La aceptación y el reajuste de expectativas actúan como mecanismos adaptativos comunes que reducen el malestar psicológico y fomentan la resiliencia personal.
· Gestión del estrés y desconexión: Frecuentemente buscan «tiempo personal» o pasatiempos individuales para tomar distancia psicológica de las exigencias rutinarias del cuidado. Sin embargo, la dependencia excesiva de la supresión emocional o la evitación se relaciona con un aumento de síntomas depresivos y un menor bienestar general.
Necesidades específicas de apoyo
Para fomentar una parentalidad adaptativa y proteger la salud mental familiar, la académica explica que la evidencia levanta requerimientos urgentes de apoyo institucional tales como:
· Inclusión clínica temprana: Es ideal que los padres sean incorporados activamente en las sesiones de devolución diagnóstica y de apoyo terapéutico, con un lenguaje accesible y explicaciones prácticas sobre los pasos a seguir.
· Grupos entre pares: La creación de espacios para padres permite compartir inquietudes sobre la autonomía futura de sus hijos y normalizar la carga emocional en un entorno seguro y libre de prejuicios.
· Entrenamiento en autoeficacia: Las intervenciones focalizadas en fortalecer las habilidades parentales y la flexibilidad psicológica mejoran las estrategias proactivas y disminuyen el riesgo de claudicación.
Como destaca Andrea Mira, “el abordaje del autismo debe promover el respeto y la inclusión activa de todo el núcleo familiar, transformando los entornos clínicos y sociales para validar las experiencias de los padres y madres”.



