Cifras confirman que en Chile más del 20% de las personas entre 25 y 34 años, aún vives con sus padres. Las causas varían entre no estudiar, falta de oportunidades laborales, dedicación al hogar o la familia, entre otras.
Recientemente conocimos un dato que volvió a poner el tema sobre la mesa, y es que, en Chile el 21,6% de las personas entre 25 y 34 años no estudia ni trabaja, cifra que proviene del Barómetro Laboral y Previsional de agosto de 2026, correspondiente al trimestre mayo-julio de 2026. Es por eso por lo que más que entender esta cifra como una característica individual, es necesario mirar los entornos de donde surgen y permite reconocer dificultades de inserción laboral, cuidados y trayectorias de vida que pueden estar siendo postergadas.
El concepto “nini” vuelve a instalarse en la discusión pública. Sin embargo, la pregunta no debiera ser solo qué les ocurre a estos jóvenes, sino qué realidades estamos reuniendo bajo una misma categoría.
“Estos antecedentes invitan a mirar la relación entre las personas y sus entornos. Estudiar, trabajar, cuidar, participar e independizarse forman parte de trayectorias que permiten construir proyectos propios. Cuando las oportunidades se restringen, las dificultades laborales o educativas pueden extenderse hacia otras dimensiones de la vida, postergando decisiones, expectativas y proyectos”, así lo explica Daniela Estobar, académica de la Escuela de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello.
Qué ocurre en la región
La discusión trasciende a Chile. En América Latina, CEPAL y OIT han advertido que las transiciones entre educación y trabajo están atravesadas por las oportunidades laborales, las condiciones socioeconómicas, el género y las responsabilidades de cuidado. La expresión “nini” puede resultar insuficiente cuando incluye también a jóvenes que realizan trabajos domésticos o de cuidado no remunerados.
Los datos nacionales reflejan estas tensiones. El 41% de quienes no estudian ni trabajan está buscando empleo. A la vez, un 36% de las juventudes cuenta con educación superior completa o incompleta, su mayor nivel histórico, pero un 26% considera que “da lo mismo lo que se estudie, porque después hay que trabajar en lo que sea”.
Las dificultades también alcanzan otras dimensiones de la vida. El 53% de los jóvenes entre 25 y 29 años continúa viviendo con su madre, padre o ambos, más de la mitad recibe apoyo económico familiar y un 38% mantiene deudas. Además, un 16% realiza labores de cuidado y el 64% de quienes cuidan son mujeres. No estudiar o no contar con un empleo remunerado, por tanto, no significa necesariamente estar inactivo ni responde a una única trayectoria.
“Por eso, hablar de “ninis” sin observar el contexto puede convertir una situación estadística en una etiqueta personal. Más que preguntarnos por qué estos jóvenes no estudian ni trabajan, necesitamos comprender qué condiciones están facilitando o limitando sus posibilidades de construir una trayectoria de vida autónoma y proyectarse hacia el futuro”, concluye Estobar.



