Por: María Jesús Hald.
Epidemióloga Facultad de Medicina UNAB.
El hallazgo de más de dos millones de vacunas contra la influenza sin trazabilidad clara reabre una discusión que conviene abordar con precisión, sin alarmismo pero sin minimizar lo ocurrido.
Que sobren dosis tras una campaña no es en sí un signo de mala planificación. Las campañas de vacunación trabajan con márgenes de seguridad porque la demanda no puede calcularse con exactitud, y ajustar el abastecimiento al límite sería más riesgoso que mantener stock ante un aumento inesperado de casos.
Distinto es hablar de dosis vencidas sin distribuir o de vacunas cuyo recorrido no puede reconstruirse. Ahí el problema ya no es epidemiológico sino de gestión de inventario y trazabilidad documental. Una vacuna debería poder seguirse desde su adquisición hasta su administración, devolución o eliminación, pasando por lote, almacenamiento y distribución territorial.
Chile cuenta con un Programa Nacional de Inmunizaciones consolidado y con sistemas de registro que funcionan. El desafío es avanzar hacia una trazabilidad integrada y en tiempo real, capaz de detectar sobrestock en una región mientras otra enfrenta mayor demanda, e identificar lotes próximos a vencer para redistribuirlos.
Eso exige trazabilidad por lote, interoperabilidad entre inventario y Registro Nacional de Inmunizaciones, alertas de vencimiento y conciliación periódica de dosis adquiridas, distribuidas y eliminadas.
La incertidumbre epidemiológica puede justificar un remanente. Lo que no debería normalizarse es que se transforme en incertidumbre administrativa, sin saber dónde estuvo cada dosis ni su destino.
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