Retorno venezolano no será automático: dependerá de incentivos en Venezuela y cambios en Chile.

La posibilidad de un cambio político en Venezuela ha reactivado una pregunta clave entre
los más de 700 mil migrantes venezolanos que hoy viven en Chile: ¿es momento de
volver? La respuesta, advierten expertos, está lejos de ser automática y depende de una
combinación de factores políticos, económicos y sociales tanto en el país de origen como
en el de destino.
Según cifras del Servicio Nacional de Migraciones, la población venezolana es
actualmente la más numerosa entre los extranjeros residentes en Chile, representando
cerca del 30% del total de personas migrantes. A ello se suma una alta proporción de
personas en situación irregular, especialmente tras el cierre de vías formales de ingreso
en los últimos años.
En ese contexto, Álvaro Bellolio, director de la Escuela de Gobierno del Instituto de
Políticas Públicas de la Universidad Andrés Bello, plantea que el eventual retorno
estará marcado por las expectativas reales que tengan los migrantes. “El retorno a
Venezuela va a depender mucho de la expectativa que tengan los migrantes en un
potencial retorno. En ese sentido, son incentivos en origen y en destino”, explica.
Desde su perspectiva, un cambio político solo tendría impacto si se traduce en mejoras
concretas. “Si en Venezuela se retoma un régimen no chavista, se genera una esperanza
real de seguridad, de oportunidades, hay una mejora evidente en la calidad de vida para
los ciudadanos venezolanos”, señala, subrayando que ese escenario podría activar
principalmente el retorno de personas que hoy se encuentran en situación irregular en
Chile.
Sin embargo, Bellolio advierte que el análisis no puede centrarse únicamente en
Venezuela. “Tiene que también ir acompañado de un cambio de condiciones en Chile”,
afirma, apuntando a los factores que han convertido al país en un destino atractivo
durante la última década.
“Los migrantes venezolanos vienen a Chile porque es el lugar donde obtienen más
privilegios”, sostiene, aludiendo al acceso a servicios sociales, oportunidades laborales
—en muchos casos informales— y al sistema de salud. De hecho, datos del Ministerio
de Salud indican que más de 500 mil personas extranjeras están inscritas en
FONASA sin cotizaciones, una situación que ha tensionado el debate público sobre
migración y uso de servicios sociales.
En ese sentido, la decisión de volver se construye en una comparación constante entre
ambos países. “El momento va a depender si es que en Venezuela sea una estabilidad
política y económica”, explica Bellolio, agregando que este escenario será especialmente

relevante de observar en el contexto de cambios políticos y ajustes a la política migratoria
en Chile.
Por ahora, especialistas coinciden en que no es esperable un retorno masivo inmediato.
La migración venezolana en Chile es diversa: incluye familias con niños escolarizados,
personas con redes laborales consolidadas y otras en situación de mayor precariedad.
Para muchos, volver no es solo una decisión política, sino también económica, familiar y
emocional.
Así, el debate sobre el eventual retorno de migrantes venezolanos no solo interpela a
Venezuela, sino también a Chile: a su capacidad de anticipar escenarios regionales y de
definir reglas claras sobre migración, regularización y acceso a derechos en un contexto
de alta movilidad humana.