El proyecto PATI, ejecutado por INIA La Cruz con apoyo de CORFO Valparaíso,
logró reducir en un 50% el riego en uva de mesa durante su primera temporada
de evaluación. El agua ahorrada, proyectada a mil hectáreas, equivale al
consumo anual de 40 mil personas.
La uva de mesa es uno de los cultivos más relevantes de la zona central de Chile.
Con cerca de 24 mil hectáreas a nivel nacional y un 90% de su producción
destinada a la exportación, cualquier avance en su eficiencia productiva tiene un
impacto directo en la competitividad del sector.
Frente al escenario de escasez hídrica que afecta a la región, INIA La Cruz, en
alianza con CORFO Valparaíso, puso en marcha el proyecto “Uso eficiente del
agua en nuevas variedades y portainjertos de uva de mesa en la zona central de
Chile a través de la demostración y el uso de tecnología de sensores”.
La iniciativa, que considera a diez agricultores beneficiarios, no busca reinventar
el riego desde cero, sino algo más difícil: demostrar que se puede producir con
la mitad del agua sin perder calidad. Y los primeros números, aunque
preliminares, son significativos.
El equipo liderado por el investigador Dr. Carlos Zúñiga Espinoza y su equipo
instalaron unidades demostrativas en campos de productores de la zona, donde
se intervino únicamente una variable: el riego.
A través de sensores de humedad en el suelo y datos de estaciones
meteorológicas, se aplicó un criterio de reposición exacta del agua consumida.
Todo lo demás, fertilización, control de plagas, manejo del dosel, se mantuvo
idéntico al manejo del agricultor.
Los resultados de la primera temporada marcaron un hito. En una de las
unidades, el sistema del INIA aplicó 2.943 metros cúbicos por hectárea hasta la
cosecha, mientras que el productor de referencia, aplicó 5.700 metros cúbicos
por hectárea a la misma fecha.
“Logramos disminuir casi a la mitad la cantidad de agua en ese campo”, explica
Zúñiga. Pero el dato cobra otra dimensión al proyectarlo. “Si extrapolamos este
ahorro a mil hectáreas, el agua que estaríamos reservando es suficiente para
abastecer a una población de 40 mil personas durante un año. Esa es la escala
del impacto que buscamos”, añade el investigador.
Ahorrar agua es relevante, pero para un productor de uva de mesa la verdadera
prueba está en la fruta. El 90% de la producción nacional se exporta, y la uva
debe soportar un viaje de 30 días en barco, salir de la cámara de frío y verse tan
fresca como el día que fue cosechada.
Es ahí donde el proyecto PATI de uva de mesa enfrenta su etapa decisiva. Las
muestras cosechadas, tanto las del riego eficiente como las del manejo
tradicional, fueron enviadas al laboratorio de postcosecha de la Universidad de
Chile. Aquí se evalúan parámetros críticos: calibre, firmeza, grados Brix, color y
estado del raquis.
“Necesitamos saber si esta uva, con menos agua, sigue siendo competitiva.
Porque si la fruta no se vende, el ahorro no sirve de nada”. Los resultados se
conocerán en las próximas semanas, una vez que las muestras completen el
período de almacenaje simulado.
El proyecto PATI no termina con los datos. Su objetivo final, como programa de
absorción tecnológica, es que los agricultores incorporen de manera
permanente el uso de sensores y estaciones meteorológicas en su toma de
decisiones.
Hoy, estima Zúñiga, menos del 10% de los productores de uva de mesa utiliza
estas herramientas. Y de ese grupo, muchos las han adquirido pero no saben
interpretarlas. “Hay equipos botados porque la gente no les ve el beneficio o no
entiende cómo usarlos”, advierte.
Por eso, el equipo trabaja en simplificar al máximo la información. “La idea es
llegar a que el productor no tenga que mirar gráficos todos los días, sino que el
dato le hable claro”. La transferencia, en esta fase, se apoya en días de campo,
material de divulgación y acompañamiento técnico directo con los diez
agricultores beneficiarios del proyecto.
El investigador valora especialmente el sentido de urgencia con que se abordó la
iniciativa. “La idea siempre fue golpear puertas para ver cómo le ayudamos a la
gente. Y esto es lo que construimos: una propuesta que usa tecnología
disponible, pero sobretodo, que genera información útil para quien trabaja la
tierra”.
La disminución del 50% en el riego fue posible. Ahora, la respuesta está en los
laboratorios. Las próximas semanas serán decisivas: los análisis de
postcosecha dirán si la uva de mesa chilena puede, o no, ser sustentable
aplicando la mitad del agua.
El proyecto “Uso eficiente del agua en nuevas variedades y portainjertos de uva
de mesa en la zona central de Chile a través de la demostración y el uso de
tecnología de sensores” es ejecutado por INIA La Cruz y cuenta con el apoyo de
CORFO Valparaíso, a través del Programa de Absorción Tecnológica para la
Innovación (PATI). Participan además los profesionales Alberto Espinoza, Diego
García y Camila Martínez.



