El inicio del año escolar, permisos, seguros y pagos acumulados convierten a marzo en
uno de los meses más complejos para el bolsillo. Un educador financiero explica cómo
anticiparse, ordenar los gastos y evitar el sobreendeudamiento.
Marzo suele ser sinónimo de estrés financiero para miles de familias en Chile. A los
gastos habituales se suman matrículas, útiles escolares, uniformes, permisos de
circulación, seguros, contribuciones y pagos postergados del verano, mientras que los
ingresos, en la mayoría de los casos, se mantienen iguales.
Para Carlos Montoya, educador financiero y académico de Periodismo del Campus
Creativo de la Universidad Andrés Bello, la clave está en dejar de ver marzo como una
sorpresa y comenzar a enfrentarlo como parte de la planificación anual.
“Cuando uno es capaz de organizar un presupuesto de forma planificada y anticipada,
marzo deja de verse como un mes caótico y se transforma en una oportunidad para
reorganizar los costos y ser más eficiente en el gasto”, explica.
Anticiparse es la principal herramienta
Aunque marzo ya está cerca, Montoya recalca que aún es posible hacer ajustes si se
reconoce con claridad el escenario financiero.
“La principal recomendación es ser consciente de los mayores gastos que trae marzo y
organizarse con la mayor cantidad de meses posibles. Idealmente esto se hace desde
octubre, pero incluso desde enero se pueden tomar decisiones”.
El primer paso es listar ingresos, costos fijos y costos variables, para tener una visión
real del presupuesto disponible.
Separar gastos fijos de los gastos “de marzo”
Una estrategia clave es ordenar los gastos según su naturaleza.
“Primero hay que colocar todos los gastos obligatorios que se repiten mes a mes:
servicios básicos, arriendo, dividendo, cuotas de créditos. Luego agregar los gastos que
solo aparecen en marzo, como matrículas, uniformes, útiles escolares, permisos, seguros
o contribuciones”.
Ese ejercicio permite dimensionar cuánto dinero adicional se necesita y si los ingresos
alcanzan para cubrirlo sin endeudarse.
Ajustar antes de endeudarse
Cuando el presupuesto no cuadra, las opciones son claras: reducir gastos o buscar
ingresos complementarios.
“Magia no hay. Si estoy abajo, tengo que ver qué costos puedo disminuir y qué tipo de
ingreso extra puedo generar. Lo importante es visualizar el problema con anticipación,
porque la incertidumbre es lo que lleva a tomar malas decisiones”.
Tener claridad, agrega Montoya, permite enfrentar marzo con menos ansiedad y mayor
control.
Evitar el uso excesivo del crédito
Uno de los errores más frecuentes en esta época es usar tarjetas de crédito para cubrir
gastos cotidianos.
“Muchas personas terminan pagando supermercado o cuentas mensuales con crédito,
solucionando problemas de corto plazo con deuda de largo plazo. Eso lleva a la famosa
‘bicicleta financiera’, que se sostiene hasta que ocurre cualquier imprevisto”.
El riesgo es que una enfermedad, pérdida de empleo o gasto no planificado haga colapsar
ese sistema.
Ahorrar con meses de anticipación marca la diferencia
Aunque ya no es posible retroceder el tiempo, el académico insiste en que marzo debe
incorporarse a la planificación anual.
“Idealmente, desde septiembre u octubre del año anterior uno debiera empezar a
provisionarse, ahorrar una parte del ingreso pensando en diciembre y luego en marzo.
Mientras antes se planifique, menos probable es terminar endeudándose a tasas altas”.
Marzo, concluye Montoya, no es inevitablemente una crisis, pero sí un mes que exige
orden, conciencia y planificación. La diferencia entre vivirlo con angustia o con control
depende, en gran medida, de las decisiones que se toman —o no— con anticipación.



