Comenzó el gobierno del presidente José Antonio Kast y lo hizo
plasmando lo que seguramente será el ethos de su administración:
privilegiar la productividad por sobre la protección ambiental y los
derechos de las personas; vale decir, producción a como dé lugar. Esto
se refleja en sus primeras medidas —además de iniciar la construcción
de una zanja en la frontera norte—, pues ha frenado avances en materia
laboral y medioambiental, y ha anunciado retrocesos en educación.
En la primera sesión de la Cámara de Diputadas y Diputados, el
gobierno retiró de la tramitación proyectos de reforma constitucional
que buscaban establecer la negociación ramal como un derecho de las y
los trabajadores.
Por otro lado, el gobierno frenó procesos orientados a fortalecer la
protección del medioambiente, un derrotero que había caracterizado la
discusión legislativa en periodos anteriores, reflejado en la creación del
Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), del Servicio
Nacional Forestal y de otras iniciativas que daban cuenta de los
compromisos de Chile en materia ambiental. En este contexto, el
Ejecutivo retiró diversos decretos supremos en materia ambiental
—como los relativos a emisiones industriales, declaración de
monumentos nacionales y creación de reservas— que se encontraban
en proceso de toma de razón por parte de la Contraloría General de la
República.
En materia educacional, el gobierno anunció que limitará la gratuidad a
estudiantes menores de 30 años. De ratificarse, esta medida cerrará la
puerta a miles de chilenos y chilenas que no cuentan con redes de
apoyo para acceder a la educación superior, evidenciando la
desconexión de quienes hoy gobiernan con la realidad social del país.
Cabe recordar que la gratuidad en la educación superior fue uno de los
principales estandartes de las movilizaciones sociales de décadas
anteriores.
El autor Niklas Luhmann, desde su teoría de sistemas, sostenía que la
sociedad no necesariamente sitúa al ser humano en el centro de su
funcionamiento. En ese marco, cuestionaba lo que denominaba el
“prejuicio humanista”, preguntándose: ¿acaso la sociedad consiste en
brazos y piernas, ideas y enzimas? ¿Le corta el peluquero el pelo a la
sociedad? A partir de esta reflexión, cabe preguntarse: ¿qué lugar
ocupan las y los trabajadores, los jóvenes y el medioambiente en la
sociedad actual?
Las medidas anunciadas, reflejo del ethos del periodo que comenzó,
transmiten la premisa de que las personas y el medioambiente son
concebidos únicamente como factores de producción, considerados un
aspecto accesorio. En este sentido, tal como señalaba Luhmann, la
sociedad que impulsa el gobierno no está centrada en el ser humano.
Estos anuncios representan un retroceso hacia el laissez-faire, en el que
prima la depredación y la explotación sobre la protección social y
ambiental.
En mi opinión, no se debe concebir a la humanidad ni al
medioambiente únicamente como factores productivos; ambos deben
ocupar el centro de la discusión, especialmente cuando la evidencia
demuestra que nuestro planeta enfrenta un calentamiento global
acelerado. Debemos apostar por un modelo de desarrollo que combine
de manera equilibrada el bienestar humano con la protección del
medioambiente. En este sentido, la educación superior resulta
fundamental para formar una masa crítica capaz de orientar nuestro
desarrollo como país.
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