Por : Dra. Pamela Álvarez Marambio.
Académica Facultad de Ingeniería U. Andrés Bello.
Más de 259 mil personas rindieron, a inicios de diciembre pasado, la PAES Regular 2025.
Con los resultados de esta prueba -dados a conocer en los últimos días-, estos miles de
jóvenes, hombres y mujeres tomarán decisiones respecto de su futuro y postularán para
el ingreso a la Educación Superior en los programas que se ofrecen en el sistema.
¿Qué ocurrirá? Si revisamos la matrícula de primer año de pregrado del año 2024,
podemos ver que el 52,6% de estudiantes del sistema corresponde a mujeres y el 47,4%
a hombres. Cifras que no nos extrañan debido a la composición poblacional de Chile y
que seguramente fueron similares para el 2025 y lo serán para el 2026. El punto es
cuando comenzamos a revisar algunas áreas del conocimiento donde hay mayor o menor
concentración de hombres y/o mujeres. Entre ellas está el área de Ciencia, Tecnología,
Ingeniería y Matemáticas (STEM), en la que las mujeres siguen siendo minoría. Para el
mismo año 2024, solamente el 20,8% de los estudiantes matriculados de primer año
fueron mujeres (y un 79,2% hombres). Esta cifra sí debe llamarnos la atención y hacer
que sigamos preguntándonos el porqué de esta desigual distribución, y para qué o porqué
queremos que esto cambie.
Estas preguntas llevamos haciéndolas desde hace un tiempo y existen respuestas. La
baja representación de mujeres en carreras del área STEM no se debe a habilidades y/o
capacidades distintas o inferiores en esta área por parte de las mujeres, sino que a
factores estructurales, sociales y psicológicos, entre ellos los estereotipos y sesgos
culturales, la falta de modelos a seguir, las brechas de autopercepción y las barreras
laborales, que coartan la posibilidad de que más mujeres ingresen a esta área.
Por otra parte, hay que señalar que la incorporación de más mujeres en el área STEM
genera beneficios reales que impactan la economía, la innovación y la calidad de las
soluciones tecnológicas que se desarrollan. Más mujeres en las áreas STEM genera
mayor rentabilidad para las organizaciones, se reducen los sesgos en el desarrollo
tecnológico, se fortalece a la economía y se construye una sociedad más equitativa.
Diversas iniciativas para reducir esta brecha se han estado desarrollando desde hace
años. Iniciativas que van desde la entrega de becas para estudiar este tipo de carreras
hasta la generación de políticas públicas que buscan incrementar la participación
femenina en STEM. Seguimos avanzando, aunque a un ritmo más lento de lo que nos
gustaría y esperaríamos. Por eso, hitos como la rendición de la PAES (en sus distintas
modalidades), la entrega de sus resultados y el proceso de postulación y selección a la
Educación Superior, son instancias clave que nos permiten mantener este tema en
discusión, seguir visibilizando la brecha existente y seguir impulsando la presencia de
más mujeres en STEM para el beneficio de nuestra sociedad.
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