Por: Claudia Meza.
Académica Facultad de Economía y Negocios UNAB.
Mientras el Gobierno impulsa mecanismos de invariabilidad tributaria para atraer
grandes inversiones, existe un impuesto que sigue aumentando sin mayor debate
público: las contribuciones.
El argumento detrás de la invariabilidad tributaria es entregar certeza a los
inversionistas. Sin embargo, esa misma certeza no existe para miles de
propietarios que cada cierto tiempo enfrentan reavalúos fiscales que incrementan
el monto a pagar por sus viviendas. En la práctica, el Estado busca estabilidad
para el capital, pero mantiene incertidumbre para las familias.
El problema es especialmente grave para los adultos mayores. Muchos
adquirieron sus viviendas hace décadas y hoy viven únicamente de una pensión.
Aunque sus ingresos permanecen estancados, el valor fiscal de sus propiedades
aumenta y, con ello, también sus contribuciones. Se trata de un impuesto que no
considera adecuadamente la capacidad de pago de quien lo soporta.
La situación resulta difícil de justificar. Una persona jubilada puede tener una
vivienda valorizada en cientos de millones de pesos y, al mismo tiempo, recibir una
pensión insuficiente para cubrir sus gastos básicos. Sin haber vendido su
propiedad ni haber generado ingresos adicionales, termina pagando cada vez más
impuestos por el simple hecho de seguir viviendo en ella.
Desde luego, las contribuciones financian municipios y aportan recursos al Fondo
Común Municipal. Pero ello no puede transformarse en una excusa para convertir
la vivienda principal en una fuente permanente de recaudación fiscal.
Chile envejece aceleradamente y el debate previsional continúa sin resolver el
problema de las bajas pensiones. En este escenario, insistir en aumentos
derivados de reavalúos fiscales equivale a reducir aún más el ingreso disponible
de quienes ya enfrentan mayores dificultades económicas.
La discusión de fondo es simple: si el Estado está dispuesto a otorgar estabilidad
tributaria a grandes inversionistas para fomentar el crecimiento, también debería
proteger a quienes dedicaron toda una vida a adquirir una vivienda. De lo
contrario, las contribuciones seguirán operando como uno de los impuestos más
regresivos y menos discutidos del sistema tributario chileno, donde la necesidad
de recaudar termina pesando más que la capacidad real de pago de los
contribuyentes.
Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las emite, y no necesariamente, representan el pensamiento de www.margamargaonline.cl



