La moda nunca es inocente: cómo el fenómeno «tradwife» convirtió una estética en un símbolo político.

La académica de Diseño de Vestuario y Textil UNAB, Gabriela Beaumont, explica por qué la ropa comunica mucho más que estilo y cómo las redes sociales transformaron una tendencia estética en un discurso sobre familia, género e identidad.

Durante años la moda fue entendida principalmente como una forma de expresar gustos personales. Sin embargo, cada vez son más los fenómenos que demuestran que la ropa también comunica ideas, valores e incluso posiciones políticas.

El reciente auge del movimiento tradwife —que reivindica una estética inspirada en la feminidad tradicional y los roles domésticos— es uno de los ejemplos más visibles de cómo una tendencia visual puede transformarse en un símbolo ideológico, especialmente a través de las redes sociales.

Para Gabriela Beaumont, académica de Diseño de Vestuario y Textil de la Universidad Andrés Bello, la idea de que la moda es únicamente una cuestión estética responde a una mirada incompleta.

“La moda nunca ha sido únicamente una cuestión estética; es un fenómeno cultural, social y político. La ropa funciona como un lenguaje no verbal mediante el cual las personas comunican identidad, pertenencia, ideologías, género, clase social e incluso formas de resistencia”, explica. 

Cuando la ropa también comunica ideologías

Según la especialista, la imagen personal no solo refleja quiénes somos, sino también cómo queremos ser percibidos y qué valores decidimos representar.

Desde esa perspectiva, decisiones como vestir de manera sustentable, utilizar símbolos asociados a movimientos sociales o desafiar estereotipos de género poseen un contenido político porque expresan una posición frente a determinadas normas sociales.

Al mismo tiempo, advierte que la industria de la moda también participa en la construcción de imaginarios colectivos.

“La moda no solo comunica identidades, sino que también contribuye a construirlas y legitimarlas”, señala. 

Del estilo de vida al símbolo político

El fenómeno tradwife, que comenzó mostrando una idealización de la vida doméstica tradicional, ha evolucionado hasta convertirse en un referente visual asociado a movimientos conservadores en Estados Unidos.

Para Beaumont, el cambio no ocurrió por la ropa en sí, sino por el relato que comenzó a acompañarla.

“La exaltación de vestidos inspirados en los años cincuenta, delantales, peinados impecables y una feminidad cuidadosamente construida no representa únicamente una preferencia estética, sino la idealización de un modelo específico de familia, de género y de organización social”.  

La académica agrega que las plataformas digitales aceleraron ese proceso al transformar una imagen en un lenguaje fácilmente reconocible.

“No fue la ropa la que se politizó, sino el relato que comenzó a acompañarla. La estética funciona como un atajo para comunicar valores sin necesidad de explicitarlos”. 

Redes sociales: cuando una imagen persuade más que un discurso

La especialista sostiene que la fuerza de estos movimientos radica precisamente en el poder de la imagen.

Tomando como ejemplo a figuras como Erika Kirk, explica que una estética cuidadosamente construida puede transformar determinadas ideas en algo aspiracional antes incluso de que exista una discusión política.

“La imagen hace visible, deseable y emocionalmente aceptable una ideología antes de que esta sea discutida racionalmente”. 

A su juicio, ese es uno de los principales desafíos de las redes sociales actuales.

“Un vestido, una cruz, una cocina perfecta o una familia visualmente armónica pueden comunicar con mayor eficacia que un manifiesto político”.  

¿Cuándo deja de ser una moda?

Para Beaumont, el momento en que una tendencia trasciende el diseño ocurre cuando deja de expresar únicamente un gusto personal y comienza a construir comunidades e identidades.

“Cuando una estética logra consolidar símbolos, narrativas y comportamientos compartidos, deja de ser una expresión del gusto para transformarse en un lenguaje político”. 

Y concluye con una reflexión que resume el fenómeno:

“La pregunta ya no es qué ropa se viste, sino qué visión de sociedad se está legitimando a través de esa imagen”.