A partir de los datos de Censo y Casen 2024, Déficit Cero identificó que el déficit habitacional no es un fenómeno exclusivo de los sectores más vulnerables o mayores. Hoy, más de 214 mil familias jóvenes, muchas de ellas con educación media completa, están atrapadas entre el hacinamiento y arriendos que consumen su capacidad de ahorro.
El déficit habitacional en el país ha experimentado un cambio demográfico en las últimas décadas. Lejos de la imagen de la precariedad asociada históricamente a la vejez o a la falta de educación, hoy la crisis tiene rostro de hombres y mujeres jóvenes. De acuerdo a un análisis de Déficit Cero a partir de los datos CASEN 2024 y CENSO 2024, el 44% de los hogares que están en déficit habitacional tienen jefaturas entre 18 y 39 años. En total, son 214.920 hogares jóvenes los que viven en esta situación.
Según Sebastián Bowen, director ejecutivo de Déficit Cero, uno de los datos más alarmantes es que “la crisis golpea a los núcleos familiares. Hoy el 40% de quienes viven en déficit son hogares jóvenes biparentales y un 23% corresponde a hogares monoparentales, mayormente liderados por mujeres con hijos”.
A diferencia de generaciones anteriores, este grupo posee niveles de escolaridad superiores. Para el 2002, los jefes de hogar en situación de déficit habitacional registraban, en promedio, 8 años de escolaridad; hoy, estos hogares promedian 12,9 años de estudios. “Esto demuestra que, incluso con educación completa, el mercado inmobiliario actual se ha vuelto inaccesible para la clase media emergente”, explicó Bowen.
Hacinamiento y arriendo
Según el análisis, el 45% de los hogares jóvenes vive en hacinamiento no ampliable; espacios que no se pueden agrandar al estar arrendando o por vivir allegados. Por otro lado, un 44% sufre un alto costo de arriendo, destinando una proporción de sus ingresos que les impide generar el ahorro suficiente para postular a subsidios.
En el segmento más joven, de 18 a 24 años, el problema más serio es el allegamiento externo. “Esto nos indica que más de la mitad de estos nuevos hogares todavía depende de vivir en la vivienda de terceros por la imposibilidad de iniciar una trayectoria habitacional autónoma”, sostuvo Bowen, quien agregó que es crucial comenzar a pensar en estrategias que permitan a las familias jóvenes acceder a viviendas adecuadas.
Así, la situación actual sería evidencia de que el sistema de subsidios que actualmente se usa no está conversando con la realidad que viven miles de familias jóvenes a lo largo del país. De esta manera, las propuestas para enfrentar esta tendencia van en la línea de modificar y consolidar un sistema integrado de acceso a la vivienda que permita a las familias tener trayectorias progresivas, sobre todo para los hogares más jóvenes.
En esa línea, se propone crear un sistema que permita articular instrumentos existentes como el arriendo, subsidios y programas de propiedad, para que así las familias jóvenes puedan transitar entre soluciones según su etapa del ciclo de vida. En lo concreto, esto implica fortalecer la vinculación entre el subsidio de arriendo y los programas de acceso a vivienda en propiedad, de modo que el arriendo no opere solo como una solución transitoria, sino como una etapa efectiva de acceso a la vivienda. Siguiendo esta idea, “creemos que es necesario escalar el arriendo asequible, mejorando el subsidio DS.52, ajustando montos y condiciones que se acoplen a las necesidades de las familias jóvenes. Por otro lado, es crucial promover proyectos de arriendo protegido a través del sistema de concesiones, que permitan aumentar la oferta disponible. El objetivo es reducir barreras de acceso, mejorar la colocación de hogares y enfrentar el alto costo del arriendo que afecta especialmente a los hogares jóvenes”, explicó Bowen.
Por último, se hace necesario implementar incentivos normativos que aseguren oferta de vivienda asequible en zonas bien localizadas, profundizando el uso de estos instrumentos, condicionando mayores densidades y constructibilidad a la provisión de vivienda de interés público, incluyendo oferta para arriendo y propiedad. Esto permitiría aumentar la oferta en sectores con buena accesibilidad a empleo, servicios y transporte, abordando una de las principales restricciones que enfrentan los hogares jóvenes para acceder a una vivienda adecuada.



