Función interpeladora.

Señor Director:
En un mundo hiperconectado, marcado por la sobreabundancia de mensajes, la
expansión de las redes sociales y la proliferación de noticias falsas, reflexionar sobre el rol
de los medios de comunicación, la confianza pública y la democracia es más urgente que
nunca.
Suele afirmarse que el periodismo debe informar de manera objetiva y veraz para que la
ciudadanía forme su propia opinión. Sin embargo, no basta con entregar datos: importa
profundamente cómo lo hacemos.
El quehacer periodístico no es —ni puede ser— pasivo. Los medios deben intermediar
entre las partes y, mediante la verificación, la contextualización y la pregunta incómoda,
convertirse en un verdadero vaso comunicante entre el poder y la sociedad. Sin esa
interpelación, las narrativas unilaterales encuentran terreno fértil para instalarse como
verdades sin filtros.
El rol de los medios es abrir camino a la deliberación pública, levantar los temas del país y
poner límites frente a agendas manipuladas por intereses particulares.
La democracia requiere contraposiciones e incomodidades para resguardar la objetividad.
Como recordaba Aristóteles, el ser humano es racional, social y político, y desarrolla sus
capacidades en comunidad.
El periodismo no es un actor secundario: es una pieza clave en la formación de opinión
pública y en la protección del bien común. Su función interpeladora constituye una
necesidad cívica y el mejor seguro para una ciudadanía informada y una sociedad
democrática.

María Magdalena Navajas Rodríguez- Directora de Periodismo Advance UNAB.
Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las emite, y no necesariamente, representan el pensamiento de www.margamargaonline.cl