¿Está cambiando la Generación Z el mundo del trabajo?

Por:Jesús Juyumaya, PhD, y Vera Voitova, PhD
Facultad de Economía y Negocios
Universidad Andrés Bello.

Cada vez que una nueva generación llega al mundo laboral, la reacción suele ser la misma:
preocupación. Cambian los protagonistas, pero el diagnóstico parece repetirse: los jóvenes ya no
quieren trabajar como antes. La pregunta es si el problema está en los jóvenes o en nuestra idea
de cómo debería ser el trabajo.
En los últimos años se ha instalado la percepción de que la Generación Z está redefiniendo las
reglas del empleo. Se dice que privilegia la flexibilidad por sobre la estabilidad, que valora el
bienestar más que el ascenso profesional, que cuestiona las jerarquías tradicionales y que busca
propósito antes que una carrera corporativa convencional.
Para algunos, estas características representan una amenaza para la productividad y el
compromiso organizacional. Para otros, una oportunidad para construir entornos laborales más
saludables y sostenibles. Sin embargo, ambas posiciones comparten un supuesto que merece ser
revisado: que estamos frente a una generación radicalmente distinta de las anteriores.
La evidencia científica sugiere una realidad más compleja. Diversos estudios muestran que las
diferencias entre generaciones suelen ser mucho menores de lo que indican los titulares.
Aspectos como una remuneración justa, la autonomía, las oportunidades de desarrollo, las
relaciones positivas en el trabajo y el equilibrio entre la vida personal y laboral son valorados por
personas de distintas edades. En otras palabras, los fundamentos de lo que las personas esperan
de un buen trabajo parecen ser más estables de lo que se cree.
Lo que sí ha cambiado es el contexto. La Generación Z ingresó al mercado laboral en medio de
profundas transformaciones tecnológicas, económicas y sociales. Creció en un entorno
digitalizado, fue testigo de crisis globales y se desarrolló en una sociedad donde temas como la
salud mental, la diversidad y la calidad de vida ocupan un lugar mucho más visible que hace
apenas una década.
En este escenario, resulta natural que ciertas expectativas laborales hayan adquirido mayor
relevancia. La flexibilidad dejó de ser percibida como un beneficio excepcional para
transformarse en una forma eficiente de organizar el trabajo. El bienestar dejó de ser un tema
periférico para convertirse en una condición necesaria para sostener el desempeño. Y el
propósito organizacional pasó de ser un discurso atractivo a un criterio concreto para evaluar
empleadores.
Sin embargo, interpretar estas tendencias como una simple característica generacional puede
conducir a conclusiones equivocadas. Cuando un trabajador joven solicita mayor autonomía,
probablemente no está rechazando la disciplina laboral. Cuando busca flexibilidad, no
necesariamente está evitando el esfuerzo. Cuando expresa preocupación por su bienestar

psicológico, difícilmente está demostrando menor compromiso. Más bien, está redefiniendo las
condiciones bajo las cuales está dispuesto a comprometer su talento, energía y tiempo.
Quizás por eso la conversación sobre la Generación Z dice tanto sobre las organizaciones como
sobre los propios jóvenes. Durante décadas, muchas empresas construyeron su propuesta de
valor sobre la estabilidad laboral, la progresión jerárquica y la seguridad económica. Esos
elementos siguen siendo importantes, pero hoy parecen insuficientes por sí solos. Las nuevas
generaciones esperan oportunidades de aprendizaje, liderazgo cercano, espacios de participación
y una experiencia laboral coherente con los valores que las organizaciones declaran promover.
Lo interesante es que estas aspiraciones no son exclusivas de quienes recién comienzan su vida
profesional. Cada vez más trabajadores, independientemente de su edad, valoran la flexibilidad,
el bienestar, el desarrollo profesional y la calidad de vida. En ese sentido, la Generación Z podría
no estar liderando una revolución generacional, sino haciendo visibles expectativas que se están
extendiendo al conjunto de la fuerza laboral.
Quizá la principal contribución de la Generación Z no sea haber transformado el trabajo, sino
haber puesto en cuestión algunas certezas que durante décadas parecieron incuestionables.
Después de todo, la discusión sobre flexibilidad, bienestar, propósito o calidad de vida no trata
únicamente sobre los jóvenes. Trata sobre cómo las personas desean trabajar, desarrollarse y
contribuir en una sociedad que cambia más rápido que las organizaciones. Y esa es una
conversación que ninguna organización puede darse el lujo de ignorar.

Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las emite, y no necesariamente, representan el pensamiento de www.margamargaonline.cl