El Petróleo y la Economía Chilena: Riesgos de una dependencia externa.

Por: Dr. Francisco Javier González Puebla. 
Director Carreras Administración 
CFT-IP Santo Tomás – Viña del Mar. 
Las guerras en Medio Oriente rara vez se sienten solo en el campo de batalla. Cuando el conflicto
involucra a potencias militares y energéticas, como ocurre con la escalada entre Estados Unidos,
Israel e Irán, sus efectos rápidamente se trasladan a uno de los mercados más sensibles del
planeta: el petróleo. Para países importadores de energía como Chile, el impacto puede ser
profundo y transversal.
Chile depende casi totalmente de la importación de combustibles fósiles. No produce petróleo en
cantidades significativas, por lo que cualquier aumento en el precio internacional se transmite con
rapidez a la economía local. Cuando el crudo sube por tensiones geopolíticas, no solo sube la
gasolina: aumenta el costo de transportar alimentos, de mover la industria, de generar electricidad
en algunos sistemas y, finalmente, el costo de vida de las personas.
El riesgo actual no es menor. Irán es un actor relevante en el mercado petrolero global y su
posición estratégica, lo convierte en un punto crítico para el tránsito marítimo de hidrocarburos. Si
el conflicto escala y afecta rutas de exportación o instalaciones energéticas, el suministro mundial
podría reducirse o volverse más incierto. En ese escenario, los países productores agrupados en la
Organización de Países Exportadores de Petróleo podrían influir aún más en la oferta, presionando
los precios al alza.
Para Chile, esto se traduce en varias consecuencias económicas concretas.
Primero, mayor presión inflacionaria. Los combustibles impactan directamente en el índice de
precios al consumidor. Cuando suben, el efecto se expande a toda la cadena logística. En una
economía donde gran parte del transporte depende de camiones, el encarecimiento del diésel
termina reflejándose en el precio de alimentos, bienes importados y servicios.
Segundo, presión sobre las cuentas fiscales. El Estado chileno suele intervenir para amortiguar las
alzas a través de mecanismos de estabilización de precios de los combustibles. Sin embargo,
cuando el petróleo permanece caro durante largos períodos, ese esfuerzo fiscal se vuelve más
costoso.
Tercero, impacto en el crecimiento económico. El encarecimiento energético reduce los márgenes
de las empresas, aumenta los costos de producción y puede frenar inversiones. Sectores como la
minería, el transporte y la agricultura son particularmente sensibles a estos cambios.
Sin embargo, en medio de la incertidumbre también aparece una señal estratégica. Cada crisis
energética internacional refuerza una conclusión: la dependencia de combustibles importados es
una vulnerabilidad estructural. En este sentido, el actual escenario podría acelerar en Chile la
transición hacia energías renovables, donde el país tiene ventajas naturales extraordinarias en
solar y eólica.

Las guerras se libran con armas, pero sus consecuencias económicas viajan en barcos petroleros y
mercados financieros. Para Chile, el conflicto en Medio Oriente es un recordatorio de que, en un
mundo globalizado, los shocks geopolíticos lejanos pueden terminar influyendo directamente en el
precio que pagamos al llenar el tanque del automóvil o al comprar alimentos en el supermercado.
En definitiva, cuando el petróleo se convierte en arma geopolítica, economías abiertas y
dependientes de importaciones energéticas, como la chilena, sienten el impacto con especial
intensidad. La verdadera pregunta no es si el país se verá afectado, sino cuánto y por cuánto
tiempo.

Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las emite, y no necesariamente, representan el pensamiento de www.margamargaonline.cl