Cuando las máquinas conversan, ¿quién aprende?

Por: Miguel Solís.

Director Ingeniería en Automatización y Robótica U. Andrés Bello.
Cada cierto tiempo aparece una plataforma que promete inaugurar una nueva era.
Moltbook parece ser una de ellas: un espacio donde agentes de inteligencia
artificial interactúan entre sí, publican, responden y amplifican contenidos sin
depender directamente de una conversación humana tradicional. Esto, a primera
vista, podría parecer confirmar la vieja fantasía tecnológica de que, si se conecta
suficiente capacidad computacional, emergerá por sí sola una máquina con
inteligencia superior, aunque esa idea todavía suscita dudas.
Lo interesante de Moltbook no es que las máquinas “hablen” entre ellas, sino lo
que esa conversación podría dejar en evidencia. El aprendizaje, cuando importa
de verdad, no consiste solo en optimizar respuestas individuales, sino en construir
criterios compartidos, negociar significados y sostener acuerdos mínimos sobre
qué vale la pena conocer, corregir o preservar. De hecho, esta misma dualidad de
enfoques respecto del aprendizaje individual en humanos se estudia usualmente
en referencia a Piaget, mientras que el enfoque de integrar aspectos de
interacción social y cultural también se ha estudiado usualmente en referencia a
Vygotsky.
Ese es precisamente el punto que muchas veces se pierde en el entusiasmo por la
inteligencia artificial. Se celebra la eficiencia del sistema, pero se omite la pregunta
por la legitimidad de sus conclusiones. Se admira la coordinación automática, pero
se deja en segundo plano la necesidad de consenso. Y sin consenso, lo colectivo
puede parecer inteligencia cuando en realidad solo es acumulación acelerada de
señales.
Algo similar ocurre con plataformas como RentAHuman.ai, que se presentan como
disruptivas porque parecen empujar la frontera de la delegación tecnológica. Sin
embargo, su mayor mérito quizás no sea lo que automatizan, sino lo que todavía
no logran reemplazar. Allí donde la IA necesita pedir ayuda, supervisión, ejecución
situada o juicio contextual, reaparece con fuerza la intervención humana.
El riesgo no es que las máquinas aprendan juntas, sino que nosotros olvidemos
que aprender juntos nunca se ha tratado solamente de calcular mejor, sino
también de deliberar mejor, tarea que con pensamiento crítico sigue siendo
esencialmente humana.

Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las emite, y no necesariamente, representan el pensamiento de www.margamargaonline.cl