Investigadores de las universidades Andrés Bello, de Playa Ancha y de Concepción
estudiarán cómo la luz artificial nocturna, en combinación con el aumento de la
temperatura, impacta las relaciones ecológicas en el continente blanco.
Un nuevo Proyecto Anillo de Investigación financiado por la Agencia Nacional de
Investigación y Desarrollo (ANID) estudiará cómo la luz artificial nocturna y el
calentamiento global están afectando los ecosistemas antárticos, particularmente en la
bahía Fildes, una de las zonas con mayor actividad humana en el continente blanco.
La iniciativa, denominada DIPOLE (Disrupting Polar Ecosystems: Light Pollution May
Alter the Ecological Effects of Global Warming), es liderada por la Universidad Andrés
Bello (UNAB) como institución principal, y cuenta con la participación de la Universidad
de Playa Ancha (UPLA) y la Universidad de Concepción (UdeC) como instituciones
asociadas, albergando a investigadores principales del proyecto.
La contaminación lumínica artificial nocturna (ALAN) —un estresor de origen humano—
está aumentando rápidamente a nivel global. Sin embargo, en la Antártica no existe
información sobre su magnitud y efectos, especialmente en especies que han
evolucionado bajo condiciones extremas y altamente específicas de luz y temperatura.
Aunque históricamente se ha considerado a la Antártica como un entorno prístino, el
avance de la actividad humana comienza a generar nuevos impactos. En ese sentido,
el director del proyecto, José Pulgar Águila (UNAB), advirtió que “uno podría
esperar que la Antártica no estuviera impactada por estresores antropogénicos
como la contaminación lumínica, pero esta contaminación se está incrementando
debido a la presencia humana, que se hace cada vez más evidente, años tras año,
en ambientes antárticos”.
Uno de los focos principales será la bahía Fildes, punto estratégico de acceso al
continente blanco y donde se concentran diversas bases internacionales. “Es la
entrada a la Antártica para muchos países, donde se encuentran bases como la
Gran Muralla o Julio Escudero, que son fuentes de contaminación lumínica
indudablemente. A esto se suma el aumento del turismo: “la industria de viajes a
Antártica tiene un impacto sobre la biodiversidad, hasta ahora no evaluado”,
agregó Pulgar.
A través de mediciones en terreno y experimentos, el equipo analizará estos efectos en
distintos niveles de la cadena trófica, desde algas y plancton, hasta peces y
depredadores, evaluando cómo cambian las relaciones ecológicas frente a estos
factores.
Desde la UPLA, la investigadora principal Paula Celis-Plá, científica asociada del
HUB Ambiental, destacó el carácter colaborativo del proyecto, afirmando que “la
interacción con el equipo de otras universidades se hace necesaria para integrar
la interdisciplina y los trabajos complementarios en las redes tróficas
intermareales de la península antártica”.
Asimismo, valoró el retorno al trabajo en terreno en el continente blanco, indicando que
“volver a la Antártica y el trabajo en terreno que nos espera con las próximas
expediciones, muy feliz de retornar al continente blanco y continuar mi línea de
investigación eco-fisiología allí en la Antártica”.
Además de su desarrollo científico, DIPOLE contempla formación de capital humano,
colaboración internacional y acciones de divulgación, con el objetivo de ampliar el
impacto de sus resultados en la comprensión de problemáticas ambientales globales.



