Más allá de vender remedios: El rol clave de los químicos farmacéuticos en la seguridad de los pacientes.

La iniciativa busca facilitar la apertura de farmacias en zonas rurales, al señalar que existe escasez en el país. El decano de la Facultad de Química y Biología Usach, Bernardo Morales Muñoz, indicó que «el país no tiene escasez de farmacias, por el contrario, entre los años 2021 y 2025 los establecimientos aumentaron en un 49,7%».

El polémico proyecto de ley que busca facilitar la apertura de farmacias en zonas rurales, liberando a las empresas del rubro de la exigencia de contar con un químico farmacéutico para dirigir cada establecimiento, generó amplias críticas desde el gremio de químicos farmacéuticos y el mundo académico.

La iniciativa, presentada por el diputado Diego Vergara (REP) y otros parlamentarios de Libertarios y el PDG,  plantea permitir que la función sea ejercida, además, por personas que cuenten con un título profesional o técnico de nivel superior “cuyo programa de estudios contemple formación específica en farmacología, dispensación de medicamentos, gestión farmacéutica y normativa sanitaria aplicable a los establecimientos farmacéuticos”..

El Dr. Bernardo Morales Muñoz, decano de la Facultad Química y Biología de la Usach, explicó que «el químico farmacéutico ejerce una función insustituible y tiene responsabilidad legal como director técnico, en ella hay aspectos claves destacables, ya que da garantía del acto sanitario e idoneidad farmacológica a través de la dispensación».

Sobre este tema, acotó que «vender un medicamento es muy diferente a dispensarlo, es un acto sanitario que abarca la revisión de dosis, la evaluación de interacciones medicamentosas, la detección de duplicidades terapéuticas y la prevención de reacciones adversas y problemas relacionados con los medicamentos».

Morales también señaló que los químicos farmacéuticos «tienen la tutela exclusiva tanto de la gestión, resguardo legal, custodia de libros de control y dispensación de estupefacientes y psicotrópicos (medicamentos controlados)».

El decano de la Facultad Química y Biología de la Usach agregó que «es un profesional de la salud que actúa con ética en resguardo directo de la seguridad del paciente y la comunidad, que garantiza la cadena de frío, resguarda la calidad técnica de los productos y es la contraparte responsable ante el Instituto de Salud Pública (ISP) para la notificación de eventos adversos y fallas de calidad».

¿POR QUÉ ES UNA MALA INICIATIVA?

Mediante una declaración publicada en sus redes, el Colegio de Químicos Farmacéuticos y Bioquímicos advirtió que el proyecto «debilita una garantía sanitaria fundamental para la seguridad de las personas: la dirección técnica y supervisión profesional del químico farmacéutico».

Bernardo Morales profundizó sobre este tema y explicó que, desde la perspectiva de la salud pública y la legislación comunitaria, el proyecto de ley (Boletín N° 18.719-11) constituye una «iniciativa deficiente y desproporcionada».

El decano explicó que con este proyecto se «sustituye la atención sanitaria y acto sanitario por un enfoque mercantil de precios, la farmacia está definida regulatoriamente como un centro de salud, donde el medicamento constituye un bien social y no un mero bien de consumo».

Agregó que «reducir el requisito de la dirección técnica de un químico farmacéutico bajo el pretexto de disminuciones en los ‘costos fijos de operación’ distorsiona y no resguarda el rol del acto sanitario de la dispensación de medicamentos».

La autoridad académica indicó que «el país no tiene escasez de farmacias, por el contrario, entre los años 2021 y 2025 los establecimientos aumentaron en un 49,7% (alcanzando 35,6 farmacias por cada 100.000 habitantes, cifra superior al promedio OCDE que es de 29).

La literatura sanitaria y la evidencia internacional documentan que prescindir de la dirección técnica farmacéutica conlleva severas consecuencias en salud pública. Morales detalló que «experiencias de desregulación como la de Suecia (2009) generaron un incremento del 40,5% en las intoxicaciones por paracetamol en cuatro años (de 621 a 1.161 casos), obligando al Estado a restringir nuevamente su venta exclusiva a farmacias, debido al aumento crítico de intoxicaciones e incidentes farmacológicos».

Además, indicó que la pérdida de la supervisión directa en la dispensación de antibióticos, generada en la venta libre desmedida y por automedicación, generó un aumento de la resistencia antimicrobiana, evidenciada en México, donde, según relató el decano, «la falta de químicos farmacéuticos mostró un aumento del 40% de antibióticos vendidos sin receta, hasta que nuevamente se exigió un control estricto a través de la receta médica con control en la farmacia».

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los errores de medicación causan costos de hasta 42 mil millones de dólares anuales a nivel global y representan el 50% de todo el daño evitable en la atención de salud y las cifras hablan por si solas. La comunidad tiene el derecho a recibir una atención de calidad y por profesionales idóneos.