Fondos de Pensiones: ¿Quién responde cuando el fondo conservador deja de serlo?

José Navarrete Oyarce.

Director del Magíster en Tributación de la Universidad Andrés Bello.

Quien revisó su cartola en las últimas semanas probablemente se llevó una sorpresa amarga. El Fondo E, presentado durante años como el refugio para quienes se acercan a la jubilación, acumuló una caída real de 10,39% entre enero y septiembre, cifra que se aproxima al desplome de 13,11% registrado en todo 2021. El Fondo D, donde se concentra buena parte de quienes ya bordean la edad de retiro, retrocede 6,38% en el mismo período. En función de este complejo escenario, el objetivo de esta columna es reflexionar sobre lo que ocurrió con estos ahorros y sobre las decisiones que hoy conviene tomar, y también las que conviene evitar.

Las administradoras firmaron con grandes bancos internacionales contratos de derivados conocidos como swaps de tasas. En ellos, las AFP se comprometían a pagar una tasa variable y a recibir una tasa fija, ambas ligadas a los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Dicho en simple, el negocio ganaba si las tasas bajaban y perdía si subían. Y de hecho, durante un tiempo funcionó, puesto que, hace un año el saldo era positivo en unos US$1.400 millones. Sin embargo, este año ocurrió lo contrario, puesto que, por una parte, la inflación asociada a la guerra en Irán, el creciente endeudamiento fiscal norteamericano y las decisiones de la Reserva Federal empujaron las tasas al alza, y la pérdida de valor de estos contratos llegó a cerca de US$7.700 millones entre enero y septiembre.

La Superintendencia de Pensiones vio venir el problema y fijó nuevos límites que entran plenamente en vigor en noviembre. En ese contexto, para el Fondo E estableció una pérdida máxima de 2% frente a escenarios de estrés, entre ellos un alza de tasas de 0,4 puntos porcentuales. El alza efectiva fue de 1,11 puntos. Para ajustarse, las administradoras comenzaron a cerrar posiciones antes de tiempo, lo que vuelve definitiva una parte de la pérdida que hasta entonces era solo contable.

Para el afiliado la pregunta práctica es qué hacer ahora. La reacción más instintiva, cambiarse de fondo después de la caída, suele ser la peor, porque fija la pérdida y deja a la persona fuera de una eventual recuperación, como advirtió la propia superintendencia. Para aquellos que están pronto a jubilar, lo ideal es que puedan seguir trabajando unos meses más, como una alternativa razonable de recuperación, ya que cumplir la edad legal no obliga a pensionarse y cada mes adicional suma ahorro y acorta el período que ese fondo debe financiar. También conviene mirar la otra cara del fenómeno. Las mismas tasas altas que golpearon el saldo mejoran el monto que ofrecen las rentas vitalicias por cada peso ahorrado, de modo que antes de decidir vale la pena solicitar ofertas en el sistema de consultas de montos de pensión y compararlas con el retiro programado.

En mi opinión, no corresponde reducir este episodio a una simple “valorización económica”, como lo ha descrito el gremio. Es posible que parte del valor se recupere si las tasas retroceden, pero quien eligió el Fondo E lo hizo buscando estabilidad y no exposición a la política monetaria de otro país. Desde mi punto de vista, la discusión pendiente es si un fondo conservador debe usar derivados, instrumentos de alta volatilidad,  para algo distinto de cubrir riesgos, y quién responde cuando la estrategia falla. Hoy la respuesta es incómoda, porque las comisiones se cobran igual y la pérdida la absorbe el trabajador.

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