Reformas, estallido social, pandemia, retiros previsionales e inflación han marcado más de una década de la economía nacional. Felipe Oelckers, director de Ingeniería Comercial UNAB, explica por qué la acumulación de estos episodios ayuda a entender parte del escenario que enfrentan hoy el empleo, la inversión y los hogares.
¿Por qué cuesta encontrar trabajo? ¿Por qué, aunque la inflación haya bajado desde sus máximos, seguimos sintiendo que todo está caro? ¿Y por qué la economía parece tener dificultades para recuperar un crecimiento más acelerado?
Las últimas cifras ayudan a dimensionar la preocupación. El desempleo llegó a 9,6% en el trimestre junio-agosto, mientras que en septiembre el IPC aumentó 0,4% y acumuló una variación de 4,1% en doce meses. Además, alimentos y transporte estuvieron entre las categorías que más subieron durante el mes.
Para Felipe Oelckers, director de Ingeniería Comercial de la Universidad Andrés Bello, parte de la respuesta está en mirar más atrás. Su análisis apunta a que Chile no enfrenta un único problema económico, sino las consecuencias acumuladas de una serie de shocks que se han sucedido durante más de una década.
Los 7 golpes que todavía pesan
1. Menor dinamismo de la inversión. El académico sitúa uno de los puntos de inflexión a mediados de la década pasada, período marcado por importantes reformas económicas y un menor crecimiento. A su juicio, los cambios tributarios y la incertidumbre asociada contribuyeron a deteriorar las condiciones para invertir, aunque el desempeño económico de esos años respondió también a factores externos e internos.
2. El estallido social. Las protestas y episodios de violencia de 2019 afectaron especialmente al comercio y a numerosas pequeñas y medianas empresas. Más allá de la emergencia inmediata, Oelckers plantea que la destrucción de infraestructura y la incertidumbre tuvieron consecuencias que algunas empresas arrastraron durante años.
3. Dos procesos constitucionales. Entre 2020 y 2023, Chile atravesó dos procesos para reemplazar la Constitución. Para el académico, la prolongada discusión institucional añadió incertidumbre regulatoria en un período en que empresas e inversionistas debían tomar decisiones de largo plazo.
4. La pandemia y las deudas que quedaron. El Covid-19 paralizó o restringió durante meses actividades como turismo, gastronomía y comercio. Si bien la economía posteriormente reabrió, muchas empresas debieron endeudarse para sobrevivir. El impacto no desapareció junto con las restricciones sanitarias y los problemas de insolvencia siguen formando parte del escenario empresarial.
5. Los retiros previsionales. Durante la pandemia se aprobaron tres retiros de fondos de pensiones. La Superintendencia de Pensiones ha cifrado en decenas de miles de millones de dólares los recursos movilizados. La medida entregó liquidez inmediata a millones de hogares, pero también redujo el ahorro previsional y tuvo efectos posteriores sobre los mercados financieros. Para Oelckers, además, el fuerte aumento de liquidez fue uno de los factores que contribuyeron a las presiones inflacionarias posteriores.
6. Un mercado laboral bajo presión. A los efectos de los shocks anteriores se han sumado cambios regulatorios y mayores costos laborales. El académico menciona, entre otros, las alzas del salario mínimo, la reducción gradual de la jornada a 40 horas y el aumento de las cotizaciones previsionales. Su planteamiento es que, sin aumentos equivalentes de productividad, estos mayores costos pueden influir en las decisiones de contratación de las empresas.
7. Inflación y menor espacio fiscal. Aunque Chile dejó atrás las tasas de inflación de dos dígitos observadas años atrás, los precios no regresaron a sus niveles anteriores. En septiembre, la inflación anual se ubicó en 4,1%, con nuevas alzas en alimentos y transporte.
Al mismo tiempo, las cuentas fiscales tienen menos holgura que hace una década. La deuda bruta del Gobierno Central cerró 2025 en 41,7% del PIB, aunque ese año frenó su crecimiento por primera vez en casi dos décadas.
¿Por qué seguimos sintiendo los efectos?
La clave, según Oelckers, está en que un shock puede terminar, pero sus consecuencias económicas permanecer.
La pandemia pasó, pero algunas empresas conservaron sus deudas. La inflación disminuyó, pero los precios que subieron no necesariamente volvieron a bajar. Los retiros entregaron recursos en un momento crítico, pero también redujeron el ahorro acumulado. Y períodos prolongados de menor inversión pueden repercutir posteriormente sobre el crecimiento y la creación de empleos.
Esa acumulación, sostiene el académico, ayuda a comprender por qué una parte importante de los hogares todavía no percibe una recuperación contundente.
¿Se puede revertir? Para Oelckers, sí, aunque difícilmente de manera inmediata. Recuperar mayores niveles de inversión, aumentar la productividad, fortalecer el empleo y mantener disciplina fiscal serían parte de las condiciones necesarias.
Porque después de más de una década marcada por distintos golpes, el desafío ya no es solamente superar la próxima crisis, sino resolver las consecuencias que dejaron las anteriores.



