El Sondeo IPP UNAB revela una mirada crítica sobre el envejecimiento en Chile:
71,6% considera que no se valora la opinión de las personas mayores y 58,5%
estima que no suelen ser tratadas con respeto. Las diferencias generacionales
muestran, además, una paradoja: los jóvenes son quienes enfrentan la vejez con
mayor pesimismo, mientras quienes ya se encuentran en esa etapa tienen una
percepción más positiva.
Chile envejece rápidamente, pero ¿cómo estamos mirando socialmente esa
transformación? Un nuevo sondeo del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad
Andrés Bello (IPP UNAB) muestra que la percepción de la vejez está atravesada por
preocupaciones económicas y de salud, pero también por una fuerte sensación de falta de
oportunidades y reconocimiento para las personas mayores.
El estudio “Percepciones y actitudes hacia el envejecimiento en Chile” muestra que
un 82,7% de los encuestados está en desacuerdo o muy en desacuerdo con que el
mercado laboral chileno ofrezca oportunidades reales de empleo a quienes desean
seguir trabajando durante la vejez. A ello se suma que un 71,6% considera que en
Chile no se valora la opinión de las personas mayores y un 58,5% estima que no suelen
ser tratadas con respeto.
Los resultados adquieren especial relevancia frente al cambio demográfico que atraviesa
el país. De acuerdo con los antecedentes recogidos en el estudio a partir del Censo 2024,
2,6 millones de personas tienen 65 años o más, equivalentes al 14% de la población,
proporción que se ha más que duplicado desde 1992, cuando alcanzaba el 6,6%.
Dificultades económicas y salud marcan la imagen de la vejez
¿Qué pensamos cuando imaginamos a una persona mayor? Las respuestas muestran
que predominan las preocupaciones materiales.
Un 50,8% asocia esta etapa con dificultades económicas o falta de ingresos,
mientras un 42,4% piensa en fragilidad, enfermedad o problemas de salud. Sin embargo,
existe también una asociación positiva importante: un 46,5% menciona la sabiduría y la
experiencia.
La autonomía aparece, en tanto, como la principal expectativa positiva frente al propio
envejecimiento. Un 36% señala que lo que más le ilusiona de llegar a esa etapa es
mantener la autonomía y una buena calidad de vida. En contraste, un 28,3% afirma
directamente que no le ilusiona llegar a la vejez.
Las principales preocupaciones también están estrechamente vinculadas con la
autonomía: un 44% teme enfrentar problemas de salud o perderla, mientras un 35%
menciona no disponer de recursos económicos suficientes.
Los jóvenes son quienes miran la vejez con mayor pesimismo
Uno de los resultados que más llama la atención es la diferencia entre generaciones.
Lejos de ser las personas mayores quienes muestran una visión más negativa de esta
etapa, son los jóvenes quienes expresan mayor rechazo frente a la idea de envejecer.
Entre las personas de 18 a 29 años, un 45,6% afirma que no le ilusiona llegar a la
vejez. La cifra disminuye progresivamente a medida que aumenta la edad y llega a solo
un 11% entre quienes tienen 65 años o más.
La relación se invierte cuando se pregunta por la autonomía. Mientras solo un 22,9% de
los jóvenes señala como principal expectativa mantener la autonomía y una buena calidad
de vida, entre los mayores de 65 años esa proporción alcanza el 52,1%.
Para Alejandra Ríos, directora del Observatorio para la Inclusión del IPP UNAB,
estos resultados muestran que no existe una única representación de la vejez.
“Por una parte, existe un reconocimiento de la experiencia y la sabiduría de las personas
mayores y una valoración de la autonomía como uno de los principales aspectos de esta
etapa. Pero, al mismo tiempo, se observan importantes limitaciones percibidas en ámbitos
como el empleo, la valoración de sus opiniones y el trato. Las diferencias entre
generaciones también son relevantes y muestran que la forma en que entendemos la
vejez cambia según la etapa de vida en que nos encontramos, tendiendo a ser más
favorable a medida que aumentan los años”, señala.
El trabajo, la principal frontera de la edad
La dimensión laboral aparece como uno de los puntos más críticos del sondeo.
Ante la pregunta sobre por qué una persona continúa trabajando después de alcanzar la
edad legal de jubilación, un 81% considera que la principal razón es la necesidad
económica y solo un 12% cree que se debe a que disfruta de su trabajo y quiere
mantenerse activa. Entre las personas de 65 años o más, esta última alternativa aumenta
al 22,6%.
Al mismo tiempo, las respuestas muestran que existe interés entre una proporción
importante de la población por mantenerse laboralmente activa si pudiera elegir
libremente. En total, un 45% señala que definitiva o probablemente le gustaría continuar
trabajando después de la edad legal de jubilación, mientras un 55% preferiría no hacerlo.
Nuevamente aparecen diferencias generacionales: entre las personas de 18 a 29 años,
un 32,2% se imagina continuando en el mercado laboral después de la edad de jubilación,
mientras entre quienes tienen 65 años o más la cifra alcanza el 58%.
Pese a ello, existe un amplio rechazo a aumentar la edad legal de jubilación. Un 83% está
en desacuerdo o muy en desacuerdo con postergarla considerando el incremento de la
esperanza de vida, frente a solo un 11% que se manifiesta de acuerdo o muy de acuerdo.
Nunca demasiado mayor para enamorarse, pero sí para encontrar
trabajo
La percepción de los límites asociados a la edad cambia significativamente dependiendo
de la actividad.
Un 64,4% considera que nunca se es demasiado mayor para iniciar una nueva
relación de pareja o contraer matrimonio, mientras un 47,8% sostiene lo mismo
respecto de aprender a utilizar tecnologías avanzadas, como inteligencia artificial. Para
comenzar un negocio propio, la cifra alcanza un 37,3%, y para matricularse en una
carrera universitaria, técnica o diplomado, un 38,7%.
La mirada cambia drásticamente al hablar de empleo: solo un 17,9% considera que
nunca se es demasiado mayor para postular a un nuevo trabajo o cambiar de rubro
profesional.
La experiencia cotidiana parece reforzar esta percepción. Un 45% de los encuestados
declara haberse sentido desplazado, discriminado o limitado en sus oportunidades debido
a su edad con alguna o mucha frecuencia. Entre quienes tienen 65 años o más, esta
proporción llega al 57,8%, frente al 36,7% registrado entre los jóvenes de 18 a 29 años.
El sondeo “Percepciones y actitudes hacia el envejecimiento en Chile” consideró
2.840 respuestas de hombres y mujeres mayores de 18 años residentes en las 16
regiones del país. El cuestionario fue aplicado entre el 21 de agosto y el 10 de septiembre
de 2026 mediante encuestas autoadministradas con cobertura nacional, a cargo de la
empresa SCAN. El estudio es cuantitativo y no probabilístico y reporta un margen de error
muestral de 6%.



