El «talón de Aquiles» del cáncer: científicos chilenos descubren cómo desarmar una molécula clave en tumores de estómago y mama.

Un equipo de la UNAB usó CRISPR para eliminar un fragmento diminuto del ARN MALAT1, clave en el cáncer gástrico y de mama, logrando desarmar la molécula completa y frenar el avance tumoral.

Dentro de nuestras células existen moléculas de ARN que, además de cumplir funciones normales, pueden convertirse en aliadas del cáncer. Una de las más estudiadas en el mundo es MALAT1, un ARN que funciona como un motor que ayuda a las células tumorales a sobrevivir y multiplicarse con mayor velocidad.

Sin embargo, un equipo del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad Andrés Bello, liderado por el investigador Rodrigo Aguilar, encontró una posible vulnerabilidad en esta molécula. Usando modelos de cáncer de estómago y de mama en el laboratorio, lograron desarmarla por completo al eliminar solo un fragmento minúsculo de su estructura.

Un trabajo minucioso

Para lograrlo, el equipo recurrió a CRISPR-Cas9, la tecnología conocida como «tijeras moleculares» que permite editar el material genético con precisión. A diferencia de investigaciones anteriores, que habían estudiado esta región de MALAT1 solo en tubos de ensayo, el equipo de la UNAB realizó el corte directamente en células vivas.

«Removimos el fragmento en células vivas y descubrimos que, al quitar esa diminuta pieza, toda la molécula de MALAT1 se desarmó y perdió su función. Esto demuestra que ese pequeño segmento es un pilar que sostiene a este ARN canceroso», explica Aguilar.

La magnitud del hallazgo se entiende mejor con una comparación que propone el propio investigador. «Si imagináramos que el ARN MALAT1 es una palabra gigante de 7.400 letras, nosotros usamos las tijeras CRISPR para sacar solo entre 10 y 40 letras. Esperábamos ver algún efecto, pero no que una alteración tan diminuta provocara el colapso total de la molécula», señala. Ese resultado fue, según Aguilar, uno de los más inesperados del estudio, y lo llevó a describir esa pequeña región como el «talón de Aquiles» de MALAT1.

Células cancerosas que dejaron de multiplicarse y comenzaron a morir

El efecto no se quedó únicamente en el ARN. Al eliminar esa pieza, las células cancerosas modificadas mostraron un cambio radical en su comportamiento. «Primero vimos que las células cancerosas perdieron su capacidad de dividirse rápidamente», cuenta Aguilar.

Luego, mediante un citómetro de flujo, un equipo especializado del Instituto que permite analizar el estado de las células una por una, el equipo confirmó que el efecto iba más allá de frenar el crecimiento. «Demostramos que las células no solo habían dejado de multiplicarse, sino que estaban muriendo en una proporción mucho mayor en comparación con las células no intervenidas. Al quitarles esta pieza clave, las dejamos desprotegidas», detalla el investigador.

De las células de laboratorio a un posible tratamiento

Aunque el estudio se realizó en modelos de laboratorio, sus resultados podrían tener proyección hacia el desarrollo de futuros tratamientos. Aguilar explica que en distintas partes del mundo ya existen grupos de investigación trabajando en fármacos diseñados para bloquear justamente la misma región de MALAT1 que su equipo eliminó.

«Lo que nuestro estudio aporta es una prueba biológica de que atacar ese punto exacto en células vivas realmente funciona. Nuestros resultados entregan el respaldo científico necesario para que la industria biomédica siga avanzando en el diseño de medicamentos o terapias génicas dirigidas contra este blanco», afirma.

Sin embargo, el camino hacia un tratamiento disponible para pacientes todavía es largo. Según el investigador, antes de pensar en ensayos clínicos en personas es necesario validar esta estrategia en tumores humanos y descartar que provoque efectos no deseados en tejido sano. «Todo este proceso suele tomar entre 5 y 10 años, pero cada hallazgo como el nuestro es un peldaño indispensable para acortar esa distancia», sostiene Aguilar.

Un trabajo colaborativo entre Chile y el extranjero

El investigador destaca que este avance no fue obra de un solo laboratorio. «Este avance fue posible gracias al trabajo colaborativo entre tres grupos de investigación del Instituto de Ciencias Biomédicas de la UNAB, un equipo de la Universidad de Chile y la valiosa colaboración de colegas de España y Estados Unidos, junto con la enorme dedicación de nuestros estudiantes», señala.

Para Aguilar, el resultado también tiene un significado que trasciende lo estrictamente científico. «Es una prueba concreta de que en Chile podemos lograr publicaciones de impacto internacional cuando sumamos capacidades y trabajamos en equipo», concluye.