La paradoja del gamer en la era de la IA.

Durante décadas, el gamer aprendió a vencer al videojuego. Descubría sus reglas, reconocía patrones, dominaba controles y volvía a intentarlo hasta superar aquello que parecía imposible. Ahora esa relación comienza a cambiar: algunos videojuegos ya no solo esperan nuestras decisiones, también empiezan a interpretarlas.

Omar Salinas Silva,Director de Ingeniería Civil Informática Advance de la UNAB,nos comenta.
«La inteligencia artificial ha estado presente en los videojuegos desde hace años, pero en 2026 la frontera es distinta. Algunos personajes y sistemas pueden conversar mediante lenguaje natural, recordar interacciones, interpretar el contexto de una partida y adaptar determinadas acciones. Casos como PUBG Ally muestran este salto: el jugador sigue aprendiendo el mundo, pero ciertos sistemas también comienzan a interpretar y adaptarse a su manera de jugar».

«La experiencia deja de parecerse únicamente a un guion previamente escrito y empieza a acercarse a un diálogo. Eso abre posibilidades enormes, pero también una pregunta incómoda: ¿más inteligencia significa necesariamente mejores videojuegos? No siempre. Una experiencia puede tener personajes capaces de conversar durante horas, mundos dinámicos y dificultad personalizada, y aun así no provocar nada. Los títulos que recordamos no suelen ser únicamente los más avanzados técnicamente, sino aquellos que nos sorprendieron, nos frustraron, nos conectaron con otras personas o nos dejaron una historia que siguió acompañándonos después de apagar la pantalla. Ahí está la verdadera tensión. La IA puede ampliar la libertad del jugador, reducir la repetición, mejorar la accesibilidad y abrir formas de juego antes imposibles. Pero también puede llenar los mundos virtuales de diálogos infinitos, escenarios abundantes y personajes sofisticados que carezcan de identidad. Generar más contenido no equivale a crear más significado. La tecnología aporta valor cuando amplía la imaginación del desarrollador y la experiencia del jugador, no cuando sustituye creatividad por volumen».

«El gaming hoy es mucho más que entretenimiento: es cultura, comunidad, competencia, narrativa y una forma de encuentro entre millones de personas. Por eso, el desafío no será incorporar tanta inteligencia artificial como sea posible, sino saber utilizarla sin perder aquello que hace que jugar siga siendo una experiencia compartida y memorable».

«El futuro del videojuego será más inteligente, más dinámico y probablemente más personal, pero su verdadero éxito no se medirá por cuánta IA contenga, sino por cuánto sea capaz de emocionarnos, sorprendernos y hacernos volver. Porque al final, ninguna tecnología será más importante que ese instante en que termina la partida y, casi sin pensarlo, volvemos a tomar el control para decir»: “una más”.Finaliza el profesional,Omar Salinas Silva.