El “bencinazo” que enfrió la economía.

Por: Gonzalo Escobar.Académico Facultad de Economía y Negocios UNAB.

Desde finales de marzo del presente año, cuando el gobierno ajustó el MEPCO y trasladó a los
consumidores un alza histórica para la gasolina y el diésel, Chile sufrió uno de los shocks de
costos más duros de las últimas décadas. El origen de este problema fue externo, ya que el
cierre del estrecho de Ormuz y el conflicto entre Estados Unidos e Irán influyeron en el precio
del petróleo por sobre los niveles normales, llevando al Ministerio de Hacienda a optar entre
subsidiar el consumo asumiendo el costo fiscal o trasladar el incremento en los precios
internacionales al consumidor; optando por esto último.
Los efectos no fueron neutros para el crecimiento. Basta con ver las cifras del PIB durante el
primer semestre, que mostraron una contracción en comparación con igual periodo del año
anterior, situación que no ocurría desde la pandemia de 2020, aunque al revisar las cifras del
Banco Central se desprende que parte de la contracción puede ser explicada por el débil
desempeño de los recursos naturales.
El efecto multiplicador negativo del precio de los combustibles se distribuyó por tres vías: el
incremento directo en el servicio de transporte de carga y su logística, que impactó a sectores
intensivos en flete como son los productos agrícolas; afectando el poder adquisitivo de los
hogares, con la gasolina pesando 3,39% del IPC y una inflación que saltó al techo de la banda
del Banco Central en mayo, justo cuando el consumo privado crecía a ritmo moderado; y el
freno a las expectativas, que debilitó la formación bruta de capital fijo en medio de la
incertidumbre bélica.
¿Qué podemos esperar para el segundo semestre? Los signos son mixtos, pero con un sesgo
más favorable. El Imacec de junio sorprendió con un alza por sobre lo esperado, liderado por
minería, servicios y comercio, permitiendo esquivar, por un margen muy mínimo, una recesión
técnica. Se puede esperar de julio un segundo mes de expansión, a pesar de los temporales, y
se proyecta un crecimiento para estos dos últimos trimestres. Sin embargo, hay que ser
cautelosos, pues es cierto que puede haber un mayor dinamismo en la economía, pero
también se debe considerar una base de comparación muy baja.
Dicho todo eso, persisten riesgos que impiden hablar de un cambio de tendencia consolidado.
El precio del petróleo sigue siendo la variable clave: el acuerdo entre Estados Unidos e Irán
permitió bajar el precio a mediados de año, pero a mitad de julio volvió a rondar los US$100
ante nuevas tensiones. Si el MEPCO traspasa esa volatilidad a los consumidores, el repunte de
actividad podría nuevamente estar en peligro. Además, el desempleo se mantiene en 9,4%, su
nivel más alto en cinco años, lo que limita la fortaleza del consumo como motor de la
recuperación.
En síntesis, el shock de combustibles de marzo se comportó como un impuesto regresivo,
afectando el débil impulso justo cuando la economía intentaba despegar. La recuperación del
segundo semestre es real, pero sigue siendo frágil: depende de que el precio del petróleo en
los mercados internacionales no vuelva ejercer presiones negativas a una actividad que recién
empieza a mostrar los esperados brotes verdes.

Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las emite, y no necesariamente, representan el pensamiento de www.margamargaonline.cl