Por: Dr. Juan Pablo Catalán Cueto.
Académico e investigador
Facultad de Educación y Humanidades
Universidad Andrés Bello.
Señor Director:
La decisión de la Comisión Mixta del Senado de rechazar la idea de legislar el proyecto
“No más notas” representa mucho más que el fracaso de una iniciativa parlamentaria.
Es la renuncia a debatir el tipo de educación que Chile necesita para el siglo XXI.
Mientras el mundo avanza hacia sistemas de evaluación que fortalecen el aprendizaje,
la reflexión y el desarrollo integral, nuestro país sigue aferrado a una cultura donde
una cifra entre el 1 y el 7 parece valer más que el proceso de aprender. La nota se ha
convertido en un fin en sí mismo.
La evidencia y el Decreto 67 han impulsado una evaluación para el aprendizaje,
centrada en la retroalimentación, el progreso y la mejora continua. Rechazar siquiera
la posibilidad de discutir una evaluación más cualitativa para los primeros años
escolares transmite que seguimos creyendo que educar es seleccionar a los mejores.
La competencia temprana, los rankings y la obsesión por las calificaciones han
terminado por instalar una lógica profundamente individualista, precisamente en la
etapa donde niños y niñas deberían descubrir que aprender es colaborar, equivocarse,
volver a intentar y crecer junto a otros.
Chile perdió una oportunidad para abrir una discusión de fondo sobre cómo queremos
evaluar a nuestras futuras generaciones.
Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las emite, y no necesariamente, representan el pensamiento de www.margamargaonline.cl



