El problema no es el azúcar, es la costumbre.

Cumplir dos años es un hito hermoso. Los niños se integran a la mesa familiar y descubren texturas, colores y el sabor dulce. Esa etapa también abre la puerta a un problema silencioso, el acceso temprano a azúcares añadidas a través de colaciones, jugos en caja y golosinas que se instalan en el menú diario.

La OMS recomienda que los niños de 2 a 10 años no superen 25 gramos de azúcares libres al día, unas seis cucharaditas de té. En Chile, más del 90% de los escolares toma bebidas azucaradas a diario. Medio litro de líquido endulzado equivale a 50 o 60 gramos de azúcar pura, el doble del límite recomendado solo con lo que beben.

Daniela Sarmiento,
Académica Escuela de Nutrición y Dietética de la UNAB.nos comenta «No toda azúcar actúa igual. La fructosa de una fruta llega con fibra, que regula su absorción y evita picos bruscos en la sangre. El azúcar añadida entra sin esa protección, obliga al páncreas a liberar insulina de golpe y la energía sobrante termina como grasa en el hígado».

«Los efectos aparecen rápido, irritabilidad, falta de concentración, caries a temprana edad. Y se proyectan en el tiempo, resistencia a la insulina, hígado graso, obesidad infantil, un terreno donde Chile lidera la región».

«Los niños no compran la comida, comen según lo que hay en casa. Por eso el cambio parte en la despensa y en gestos simples, agua como bebida habitual, postres endulzados con fruta, flexibilidad los fines de semana sin culpa, y adultos que modelan con el ejemplo lo que esperan enseñar. Cuidar a los niños del exceso de azúcar no es demonizarle, es devolverle su lugar, el de una excepción y no el de una costumbre».Finaliza Daniela Sarmiento.