Por:Claudia Rodríguez T.
Directora y fundadora de No Chat
Presidenta Cosoc Subtrans.
La forma en que nos movemos por la ciudad habla de una cultura que hemos normalizado por años: la prisa. Vivimos en entornos donde cada segundo parece contar más que el anterior, donde apurarse se vuelve una regla tácita y donde muchas decisiones cotidianas —acelerar, cruzar sin mirar o distraerse con el celular— se justifican en nombre del tiempo. Sin embargo, esa lógica tiene un costo evidente: una convivencia cada vez más riesgosa en las vías.
No se trata solo de conductas individuales, sino de una forma de entender la ciudad. Hemos construido espacios que priorizan la velocidad por sobre el cuidado, donde llegar primero parece más importante que llegar bien. Esta mirada no solo impacta en la seguridad vial, también deteriora la calidad de vida y la forma en que nos relacionamos como comunidad. La ciudad deja de ser un espacio compartido para transformarse en un lugar de competencia constante.
En este contexto, cobra relevancia volver a poner el foco en el valor de cada decisión. Cada segundo implica una elección, y esa elección puede marcar la diferencia entre un traslado seguro o un siniestro vial. No es el tiempo el problema, sino la forma en que lo gestionamos. Avanzar hacia una movilidad más segura exige comprender que el cuidado no es una pausa, sino una condición básica para convivir en el espacio público.
Un elemento clave en este cambio cultural está en las nuevas generaciones. Los niños y niñas no solo aprenden de los adultos, también observan, cuestionan y muchas veces interpelan nuestras conductas. Cuando un niño pregunta por qué se cruza con luz roja o por qué se usa el celular al conducir, se abre una oportunidad concreta de reflexión. En ese vínculo cotidiano, muchas veces se generan los cambios más profundos.
A partir de esa convicción, desde No Chat impulsamos iniciativas que buscan instalar estas conversaciones en el entorno familiar. Herramientas como el cuento “Velocity, la ciudad de los segundos”, desarrollado junto a Buses Vule, permiten abordar estos temas desde una mirada accesible, pero con un trasfondo claro: la urgencia de avanzar hacia ciudades que cuidan la vida. No se trata solo de educar, sino de movilizar cambios de conducta que trasciendan el ámbito individual.
Avanzar hacia una cultura vial más segura requiere coherencia entre lo que promovemos y lo que hacemos día a día. La seguridad no puede depender de la urgencia ni de la costumbre. Requiere decisiones conscientes, sostenidas y compartidas. Porque, finalmente, no es el tiempo lo que está en juego, sino la forma en que decidimos convivir en la ciudad.
Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las emite, y no necesariamente, representan el pensamiento de www.margamargaonline.cl



