Señor Director:
En el debate sobre el rol de la Dirección del Trabajo se ha instalado la idea de “desideologizar”
su actuar, en una crítica hacia la gestión anterior y como un regreso a una supuesta rigurosidad
técnica. Sin embargo, la idea resulta discutible.
No solo porque esto es en sí mismo una postura ideológica, sino porque en la práctica, este
discurso ha estado acompañado de propuestas que relativizan la aplicación de ciertas normas,
como ocurre respecto de las 40 horas, o que quieren desplazar el foco de la acción fiscalizadora
hacia aspectos exclusivamente individuales y formales, en la línea de las propuestas desde el
mundo empresarial.
Más que eliminar la “ideología”, lo que se observa es un intento por redefinir el sentido y alcance
del derecho laboral desde una determinada visión de las relaciones de trabajo. Sin embargo, el
derecho del trabajo no es una disciplina neutra. Surgió precisamente para corregir una
desigualdad estructural entre empleadores y trabajadores, y por ello se organiza en torno a
principios como el de protección, lo que abre la seria duda sobre cómo esta “desideologización”
puede erosionar estas ideas básicas .
La discusión de fondo, entonces, no es si la Dirección del Trabajo debe actuar con rigor técnico,
puesto que eso es el presupuesto de cualquier institución, sino qué concepción del trabajo y de
la regulación estatal orientará ese ejercicio técnico.
José Ignacio Portiño.
Abogado y Presidente de la Defensoría Popular de las y los Trabajadores.
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