El Jueves que encenderá la Inflación en Chile.

Dr. Francisco Javier González Puebla. 
Director Carreras Administración 
CFT-IP Santo Tomás – Viña del Mar. 

El próximo jueves no será un día cualquiera para la economía chilena. El anunciado aumento en los
precios de la gasolina y el diésel no solo golpeará el bolsillo de los automovilistas, sino que
también marcará un punto de inflexión en la trayectoria inflacionaria del país. Lo que está en
juego no es solo el costo de llenar el estanque, sino el precio de vivir en Chile durante los próximos
meses.
Chile, como economía abierta y altamente dependiente de la importación de combustibles fósiles,
vuelve a enfrentarse a un viejo enemigo: la inflación importada. El alza del petróleo en los
mercados internacionales, impulsada por tensiones geopolíticas, se transmite casi de forma
inmediata a los precios internos. Y esta vez, la magnitud del ajuste no es menor.
Cuando suben los combustibles, el impacto en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) es
inevitable. Existe un efecto directo, visible en el costo del transporte, pero también uno indirecto,
más silencioso y persistente: el encarecimiento de toda la cadena logística. En un país donde la
distribución depende fuertemente del transporte terrestre, el diésel se convierte en un verdadero
multiplicador inflacionario.
Las estimaciones indican que este shock podría añadir entre 0,3% y 0,7% a la inflación mensual. En
términos simples, esto podría duplicar o incluso triplicar el IPC de un mes normal. Pero más allá
del dato puntual, lo preocupante es el efecto arrastre: alimentos más caros, servicios ajustando
tarifas y una presión sostenida sobre el costo de la vida.
El diésel, en particular, merece especial atención. Mientras la gasolina afecta principalmente a los
consumidores particulares, el diésel impacta directamente en el corazón productivo del país.
Camiones, maquinaria, transporte de bienes esenciales: todo depende de este insumo. Su alza no
solo se siente, se propaga.
Lo que veremos este jueves es más que un aumento de precios. Es un recordatorio incómodo de
nuestra vulnerabilidad estructural. Mientras Chile no diversifique su matriz energética ni reduzca
su dependencia de combustibles importados, seguirá expuesto a este tipo de episodios.
La inflación que viene no es solo un fenómeno estadístico. Es una experiencia cotidiana: en la
feria, en el transporte, en las cuentas del hogar. Y todo indica que, esta vez, el impacto no será
pasajero.
Porque cuando sube el petróleo, no solo sube la bencina. Sube el costo de la vida.

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