2026: el año en que la IA reescribe el delito digital en Latinoamérica.

Por :Edgardo Fuentes Cáceres.

Director Ingeniería en Ciberseguridad U. Andrés Bello.
2026 no será un año más en materia de ciberseguridad para Latinoamérica. Será
el momento en que los ciberataques dejen de ser meras iteraciones de técnicas
conocidas para convertirse en un nuevo paradigma impulsado por inteligencia
artificial, automatización ofensiva y fraudes invisibles que atraviesan sectores
públicos y privados por igual. Los datos de 2025 ya encendieron la alarma: la
región registró un incremento interanual del 108% en ataques semanales por
organización, consolidándose como blanco prioritario del crimen digital.
La inteligencia artificial pasará de ser herramienta defensiva a motor de las
amenazas. Se anticipa que veremos ataques que explotan vulnerabilidades
propias de los modelos, como la inyección de instrucciones, la contaminación de
datos de entrenamiento y la manipulación de fuentes externas conectadas a la IA.
Todo ello permite alterar el comportamiento de sistemas críticos sin necesidad de
comprometer software tradicional, lo que dificulta su detección por mecanismos
basados en firmas o reglas. A la vez, crecerá el uso de IA para generar phishing
hiperpersonalizado, deepfakes verosímiles y campañas de desinformación
orquestadas por agentes ofensivos capaces de ejecutar un ataque de punta a
punta. Este fenómeno democratiza el poder de daño: con poca pericia técnica se
podrán montar operaciones complejas a escala.
Una de las derivadas más inquietantes es la creación de identidades sintéticas.
Informes recientes advierten que, en 2026, los atacantes usarán IA para fabricar
perfiles tan convincentes que engañarán sistemas de verificación avanzados,
habilitando fraudes financieros, acceso a servicios y suplantaciones prolongadas
difíciles de rastrear. Incluso se proyectan riesgos emergentes en tecnologías
incipientes como las interfaces cerebrocomputadora que abren un campo
inexplorado de vulnerabilidades.
En terreno transaccional, la expansión de pagos sin contacto traerá ataques más
precisos y localizados. Akamai prevé un auge del malware especializado en
ecosistemas NFC, con campañas adaptadas a las particularidades tecnológicas y
regulatorias de cada país. Para Latinoamérica, esto se traduce en clonación
inalámbrica de tarjetas y robo sigiloso de credenciales, diseñados a la medida de
bancos y pasarelas locales. En un entorno donde aún persisten brechas de
autenticación multifactor y monitoreo continuo, el impacto puede ser
especialmente alto.

El ransomware seguirá escalando, pero con un cambio cualitativo. En 2026
veremos extorsión progresiva con contenido sintético, negociaciones
automatizadas y tiempos de intrusión más cortos y difíciles de atribuir, alimentados
por el ecosistema RansomwareasaService y por la IA que orquesta cada etapa del
ataque. La región ya muestra fragilidades: en 2025, uno de cada cinco sistemas
de control industrial fue atacado, lo que anticipa riesgos operacionales serios en
infraestructura crítica si la tendencia continúa.
El talón de Aquiles latinoamericano es doble: tecnología obsoleta y déficit de
talento. Persisten sistemas sin MFA, sin cifrado robusto y sin telemetría en tiempo
real, especialmente en sectores público y salud. A ello se suma una brecha
estimada de cientos de miles de profesionales en ciberseguridad, lo que limita la
detección y respuesta oportuna. Aunque hay avances regulatorios como la
Agencia Nacional de Ciberseguridad en Chile desde 2025, la velocidad del riesgo
supera la del cumplimiento.
Finalmente, el factor humano se volverá aún más atacable. La presión operativa,
la automatización y la incertidumbre laboral harán a las personas más susceptibles
a la coerción y a la manipulación psicológica. De allí que la consigna clásica de
“confía pero verifica” deba ampliarse a todos los ámbitos, no solo técnicos sino
también organizacionales, reforzando controles y validaciones en la cadena de
suministro y en las interacciones entre equipos.
Este panorama no es una sentencia. Es un llamado a actuar. Si la IA acelera el
delito, también puede potenciar la defensa. La pregunta clave no es si la región
sufrirá esta nueva ola de ataques, sino qué tan preparada estará para resistirla y
recuperarse.
Cinco acciones concretas para pasar de la preocupación a la prevención:

  1. Modernizar la base tecnológica y cerrar brechas básicas: habilitar MFA
    en todo acceso crítico, segmentar redes, cifrar datos en reposo y en
    tránsito, y desplegar monitoreo continuo con telemetría centralizada. Estas
    medidas reducen el radio de explosión ante intrusiones, especialmente en
    pagos NFC y en entornos operacionales.
  2. Adoptar detección y respuesta asistidas por IA: pasar de reglas
    estáticas a modelos que identifiquen comportamiento anómalo,
    movimientos laterales y uso indebido de credenciales, con playbooks de
    contención automatizados para ransomware y exfiltración de datos.
  3. Blindar la identidad: verificación reforzada contra identidades sintéticas,
    controles de alta certeza en onboarding digital, prueba de vida resistente a

deepfakes y monitoreo de señales de riesgo en tiempo real en procesos
financieros y gubernamentales.

Gobernanza y resiliencia compartida: alinear regulaciones, compartir
inteligencia de amenazas y establecer mínimos de ciberhigiene sectoriales,
empezando por servicios públicos, salud e infraestructura crítica, donde el
riesgo sistémico es mayor.
2026 puede ser recordado como el año más difícil para la ciberseguridad
latinoamericana o como el año en que la región dio un salto de madurez. La
diferencia estará en nuestra capacidad para asumir que la IA ya juega en ambos
bandos y en decidir, desde hoy, invertir en modernización, talento y cooperación.
Preparados, no solo resistiremos los embates que vienen: podremos aprovechar la
misma tecnología que los habilita para construir un entorno digital más seguro,
resiliente y confiable

Entrenamiento continuo y simulaciones realistas: programas de
concienciación que incorporen phishing hiperpersonalizado y deepfakes,
ejercicios de mesa y red teaming para preparar respuesta integral
—técnica, legal y comunicacional— ante incidentes.

Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las emite, y no necesariamente, representan el pensamiento de www.margamargaonline.cl