La alerta de la gripe aviar.

La influenza aviar ha vuelto a ocupar un lugar central en la agenda sanitaria y
productiva de Sudamérica. La confirmación de nuevos brotes en Argentina y Uruguay
reactivó las alertas epidemiológicas y motivó el fortalecimiento de medidas preventivas
en Chile, particularmente por parte del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). Aunque el
país mantiene su condición sanitaria favorable, la experiencia reciente demuestra que la
gripe aviar es una amenaza dinámica que exige vigilancia permanente, cooperación
internacional y comunicación clara con la ciudadanía.
La influenza aviar es una enfermedad infecciosa causada por virus de influenza tipo A
que afecta principalmente a aves domésticas y silvestres. Entre los subtipos más
relevantes se encuentran H5 y H7, capaces de generar cuadros de alta patogenicidad
que provocan mortalidad masiva en aves y severas pérdidas económicas en el sector
avícola. El virus se transmite mediante secreciones respiratorias, saliva y heces, así
como por contacto con superficies contaminadas, lo que facilita su diseminación en
sistemas productivos y a través de rutas migratorias de aves silvestres.
Desde el punto de vista epidemiológico, la enfermedad puede presentarse en dos
formas: baja patogenicidad y alta patogenicidad. La primera suele generar síntomas
leves o incluso ausencia de signos clínicos, mientras que la segunda provoca cuadros
graves con elevada mortalidad. Los brotes recientes en Sudamérica corresponden
principalmente a virus altamente patógenos, lo que explica la preocupación de
autoridades sanitarias y productivas.
En aves domésticas, la gripe aviar se manifiesta mediante disminución del apetito,
reducción en la postura de huevos, problemas respiratorios, hinchazón en cabeza y
cresta, diarrea y muerte súbita. En aves silvestres, la enfermedad puede pasar
desapercibida, lo que favorece su dispersión geográfica. Esta característica convierte a
la fauna migratoria en un factor clave en la dinámica epidemiológica del virus.
Aunque la transmisión a humanos es poco frecuente, la influenza aviar tiene potencial
zoonótico. Los casos registrados en personas se asocian principalmente a contacto
estrecho con aves infectadas o ambientes contaminados. Los síntomas en humanos
incluyen fiebre, tos, dolor muscular y, en casos graves, neumonía. A pesar de ello, el
riesgo poblacional se mantiene bajo debido a la limitada transmisión entre personas.
Uno de los aspectos más relevantes de la gripe aviar es su impacto económico. La
enfermedad obliga al sacrificio sanitario de aves infectadas y expuestas, generando
pérdidas directas en la producción. Además, los brotes pueden provocar restricciones
comerciales, suspensión de exportaciones y aumento de precios de productos avícolas.
Chile ha experimentado previamente los efectos de la influenza aviar, incluyendo cierre
temporal de mercados internacionales y costos asociados a vigilancia y control

sanitario. Esta experiencia ha permitido fortalecer la capacidad de respuesta del país,
posicionándolo como referente regional en prevención y manejo de la enfermedad.
Ante el escenario actual, el SAG ha intensificado la vigilancia zoosanitaria en todo el
territorio nacional. Entre las medidas adoptadas se incluyen muestreo en aves
silvestres, monitoreo en planteles avícolas, inspecciones en criaderos de traspatio y
coordinación interinstitucional. Estas acciones buscan detectar precozmente la
presencia del virus y evitar su propagación.
Asimismo, el SAG ha reforzado el llamado a implementar medidas de bioseguridad en
sistemas productivos, tales como control de ingreso a instalaciones, uso de barreras
sanitarias, desinfección de equipos y separación de aves domésticas y silvestres. La
bioseguridad constituye la principal herramienta para reducir el riesgo de introducción
del virus en planteles comerciales.
Otra medida relevante es el fortalecimiento de campañas de educación y denuncia
temprana. La notificación oportuna de aves enfermas o muertas permite activar
protocolos sanitarios y evitar la diseminación del virus. En este sentido, la participación
de la ciudadanía resulta fundamental para el éxito de la estrategia preventiva.
La influenza aviar también pone de relieve la importancia del enfoque One Health, que
reconoce la interconexión entre salud animal, humana y ambiental. La migración de
aves, el comercio internacional y el cambio climático influyen en la dinámica del virus, lo
que exige respuestas integradas y cooperación regional. Este enfoque permite
comprender la enfermedad no solo como un problema productivo, sino como un desafío
sanitario global.
Desde la perspectiva de salud pública, la principal preocupación radica en la posibilidad
de mutaciones virales que faciliten la transmisión entre humanos. Aunque este
escenario es poco probable en el corto plazo, la vigilancia epidemiológica y la
investigación científica son esenciales para anticipar riesgos y fortalecer la preparación
ante eventuales emergencias.
Es importante destacar que el consumo de carne de ave y huevos bien cocidos es
seguro, ya que el virus se inactiva con la cocción. Las autoridades sanitarias enfatizan
que no existe riesgo para la población a través de la cadena alimentaria formal, lo que
contribuye a evitar alarmas innecesarias.
El brote regional actual debe entenderse como una oportunidad para reforzar la
prevención y consolidar aprendizajes adquiridos en episodios previos. La experiencia
demuestra que la detección temprana, la bioseguridad y la comunicación efectiva son
pilares fundamentales para controlar la enfermedad.

En un contexto global caracterizado por la emergencia de enfermedades zoonóticas, la

influenza aviar representa un recordatorio de la necesidad de fortalecer sistemas de
vigilancia y cooperación internacional. La pandemia de COVID‑19 evidenció la
importancia de la preparación ante amenazas sanitarias emergentes, y la gripe aviar se
inscribe en esta lógica de riesgos compartidos.
Chile enfrenta este escenario con una institucionalidad robusta y experiencia
acumulada, pero el contexto regional obliga a mantener la alerta. La vigilancia activa del
SAG, el compromiso del sector productivo y la participación ciudadana constituyen
elementos clave para proteger el estatus sanitario del país.
Más allá del impacto inmediato, la influenza aviar plantea desafíos estructurales
vinculados a la sostenibilidad de sistemas productivos, la conservación de ecosistemas
y la seguridad alimentaria. La integración de estos factores permitirá avanzar hacia
estrategias más resilientes frente a enfermedades emergentes.
En definitiva, el reciente brote de gripe aviar en países vecinos no debe interpretarse
como una crisis inminente, sino como una señal de alerta que invita a fortalecer la
prevención y la cooperación regional. La vigilancia permanente, la bioseguridad y la
educación sanitaria son herramientas esenciales para enfrentar este desafío y proteger
tanto la salud animal como la humana.
Dr. Claudio Cabello
Director del Centro de Investigación de Resiliencia a Pandemias
Universidad Andrés Bello