Por: Clàudia Rodríguez T.
Directora y fundadora de No Chat
Vicepresidenta Cosoc Subtrans.
El inicio de 2026 ha sido complejo en materia de seguridad vial y las primeras semanas del año ya entregan señales preocupantes. Las celebraciones de Año Nuevo dejaron 25 personas fallecidas y más de 575 siniestros viales, cifras que vuelven a confirmar una realidad persistente: seguimos conviviendo con conductas de alto riesgo que se han normalizado. La conducción no atenta —particularmente el uso del celular al volante— continúa siendo una de las principales amenazas, frente a una fiscalización insuficiente y campañas que aparecen de manera esporádica, cuando el problema exige un abordaje permanente.
A este escenario se suma un fenómeno que no podemos relativizar ni romantizar: los grupos de motociclistas que se toman autopistas y vías urbanas, circulando a exceso de velocidad, realizando maniobras imprudentes y generando altos niveles de contaminación acústica. No se trata de hechos aislados ni de expresiones inofensivas, sino de conductas que ponen en riesgo tanto a quienes participan de ellas como al resto de las personas que transitan por esos espacios. Normalizar este tipo de prácticas es aceptar que la ley y la seguridad queden subordinadas al espectáculo.
En paralelo, Chile sigue arrastrando un vacío normativo relevante en materia de estándares de seguridad y etiquetado vehicular. La falta de información clara y exigente para las y los consumidores, así como la ausencia de regulaciones robustas, ha dificultado avanzar de manera efectiva en prevención. La seguridad vial no puede depender solo del comportamiento individual: también requiere marcos normativos modernos que eleven el estándar del parque vehicular que circula por nuestras calles.
Lo que ocurre en Avenida Perú, en Viña del Mar, es una expresión concreta de esta falta de mirada sistémica. Durante el verano, ciclovías del borde costero —no solo en esa ciudad, sino en distintos puntos del país— son utilizadas como estacionamientos informales, poniendo en riesgo a quienes se desplazan en bicicleta. La ciclovía no es un “espacio disponible”: es infraestructura de seguridad vial. Cuando se invade o se ignora su función, se debilita el mensaje de que todas las formas de movilidad merecen protección.
Este complejo inicio de año coincide, además, con el anuncio del próximo ministro de Transportes, Louis de Grange, quien asumirá funciones el 11 de marzo en el nuevo gobierno. El contexto no podría ser más claro: hay una acumulación de tareas pendientes que no admiten dilaciones. Fiscalización efectiva, regulación moderna, diseño vial seguro, protección de los modos vulnerables y una comunicación de riesgo consistente deben ser prioridades desde el primer día.
Desde ONG No Chat insistimos en que la seguridad vial no se construye con gestos aislados ni con respuestas reactivas frente a la contingencia. Requiere decisiones estructurales, continuidad en las políticas públicas y una comprensión profunda del costo humano que implica cada omisión. El 2026 comenzó dejando señales de alerta. Escucharlas y actuar en consecuencia es una responsabilidad que el país no puede seguir postergando.
Por todo lo anterior, durante enero hemos estado activamente en terreno. Realizamos acciones de sensibilización ciudadana mediante la entrega de material informativo sobre el respeto de la Ley No Chat, desarrollamos capacitaciones en seguridad vial junto a operadores de Red Movilidad, participamos en espacios de conversación con medios de comunicación y avanzamos en la planificación del trabajo 2026 junto a nuestro equipo de voluntarias y voluntarios. Seguimos convencidos de que la transformación cultural en seguridad vial se construye con presencia, trabajo sostenido y un compromiso que no se detiene con el calendario.
Las opiniones de esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe, y no necesariamente, representan el pensamiento de www.margamargaonline.cl



