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El Día Mundial del Suelo tiene este año el lema “Detengamos la erosión del suelo, salvemos nuestro futuro”. Sin duda que es un llamado a la reflexión y acción, cuando toda la humanidad vive bajo una nueva condición impuesta por la pandemia y afectado por las consecuencias de la crisis climática. Actuar con sentido de urgencia es comprender que no solo es un recurso cada vez más escaso: es la base en la que nos asentamos para vivir, para sembrar, cultivar y crecer.

De allí la necesidad de ordenar y regular el uso de nuestros suelos conforme a sus funciones y limitaciones, como un elemento básico del ecosistema donde habitamos.

Debemos recordar que los eventos naturales que configuraron nuestro territorio y su diversidad son el resultado de miles de años que contribuyeron a modelar el paisaje, y aunque nuestra presencia en ese lapso ha sido muy breve, nuestros suelos muestran efectos significativos de la erosión. El avance de la desertificación también es evidente, en un país que por sus características físicas cuenta con una reducida superficie habitable.

Atendiendo a este desafío, y también por el aporte estético y la oportunidad de recreación que ofrecen los suelos desde el norte hasta el extremo sur, es imperativo contar con una política pública acorde los tiempos, que nos permita actuar con un enfoque integral y debidamente respaldado por un marco de protección legal de los suelos.

Humberto Rivas Ortega

Líder del Programa Más Turismo Sostenible

Universidad San Sebastián