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Nuestro derecho a una vida sin violencias
Para hablar de violencia contra las mujeres podríamos citar todas las cifras que año a año
se elaboran, pero basta con nuestra propia experiencia: La violencia es miedo, la violencia
es silencio, es soledad, dolor, culpa, la violencia es oscuridad. E injusticia social,
económica, jurídica y cultural. Implica una ofensa a nuestra dignidad y una violación a
nuestros derechos humanos y libertades fundamentales. Las mujeres sabemos que hablar
de violencia implica todo esto y mucho más, porque la hemos vivido a diario y de múltiples
maneras.
Frente a una nueva fecha de conmemoración del Día de la Eliminación de la Violencia
Contra las Mujeres, este 25 de noviembre, los feminismos nos levantamos y luchamos
contra todas las violencias que afectan a mujeres, disidencias sexuales y cuerpos
feminizados. Algunas de estas violencias se dan en formas más visibles como el acoso
callejero y la violencia física, pero bien sabemos que permea toda nuestra vida pues vivimos
en una sociedad patriarcal y machista. En este contexto, nos parece pertinente hablar sobre
las formas que toman las violencias en la Convención Constitucional y la campaña
presidencial, dos temas que marcan la contingencia de esta nueva conmemoración.
Vivir una vida libre de violencia es una condición indispensable para que podamos participar
de forma plena e igualitaria en todas las esferas de la sociedad, y por eso, su erradicación
es un asunto de interés social. Nuestro derecho a vivir sin violencia y el deber del Estado de
prevenir, reparar, sancionar y eliminarla, debe estar consagrado en la nueva carta
fundamental. Así se ha hecho en países como Bolivia, Paraguay, Ecuador, entre otros. La
Constitución debe asegurar la existencia de una ley que contenga un conjunto robusto de
derechos y obligaciones para erradicar las relaciones desiguales de poder fundadas en el
género, y así construir una democracia que no violente ni discrimine.
Este estatuto debe hacerse cargo de esta desigualdad estructural para proteger que
vivamos libres de violencias y garantizarlo de forma integral. No basta con la igualdad
formal, necesitamos fórmulas que permitan la igualdad sustantiva. Necesitamos una paridad
que trascienda toda la institucionalidad estatal y privada. Un sistema de cuidados que no
haga que estas tareas recaigan en nosotras las mujeres, y que el Estado se haga cargo del
derecho a ser cuidado y a cuidar. Creemos que las vivencias de las personas
históricamente oprimidas deben ser transversales a todos los articulados y formulaciones
que se hagan para que nunca más seamos silenciadas.
Lamentablemente, a cuatro meses de la instalación de la convención, hemos visto cómo la
violencia ha estado presente en esta misma. Convencionales mujeres han recibido
mensajes de odio día a día, agravándose cuando se trata de escaños reservados como la
presidenta Elisa Loncon y la machi Francisca Linconao. Las organizaciones feministas nos
hemos movilizado contra esto, y desde la Articulación Territorial Feminista Elena Caffarena
se ha promovido la firma de un reglamento que garantice la no violencia. Se han visto
rayados en los muros en apoyo a estas convencionales, que en poco tiempo, tanto nos han
enseñado sobre el buen vivir. La resistencia feminista está presente.
Asimismo, ha sido aterrador ver estas mismas apologías a la violencia y a la violación en los
dichos de un diputado recién electo. Inclusive, uno de los candidatos presidenciales tiene en

su programa la derogación de la ley de aborto en tres causales, la eliminación del Ministerio
de la Mujer y la Equidad de Género y mayores beneficios para las mujeres casadas. Bajo la
lógica de su programa, sólo se observa un retroceso en los derechos de las mujeres y en la
democracia misma. Necesitamos un proyecto político que se haga cargo de los problemas
de las mujeres y disidencias sexuales, que continúe la línea refundacional que la nueva
constitución abre y que mejore las condiciones materiales de las personas.
Este 25 de noviembre, es difícil ver cómo se instalan los discursos en la política institucional
de quienes quieren que las mujeres no podamos votar, quienes buscan restringir nuestra
libertad y sofocar nuestra democracia. Sin embargo, este día nos movilizamos para
demostrarle al mundo que las feministas estamos presentes y resistimos. Las feministas
seguimos aquí y seguiremos estando. Nos preceden muchas y muchas más vendrán. Este
25 de noviembre, queremos un pacto social por y para todas. Las feministas defendemos la
democracia para garantizar una vida sin violencia y este 25 de noviembre, lo hacemos con
más fuerza.