Menu

 

 

 

 

A+ A A-

 

Pese a todo, Chile es uno de los países más seguros de América Latina. Sin embargo, la irrupción de un nuevo perfil delictivo en la región ha obligado a las autoridades y también a los privados a repensar las estrategias de seguridad y a tener presente el impacto económico de la delincuencia.

Es así como el envío de explosivos a Quiñenco, matriz del grupo Luksic, en julio de este año, y los múltiples incendios intencionales y saqueos que asolaron Santiago y regiones durante octubre y noviembre, encendieron las alertas y, en solo semanas se dispararon las cotizaciones por artículos de seguridad.

En este escenario, se refuerza la pregunta: ¿A cuánto asciende la cuenta que debe pagar América Latina a causa del delito? El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en un estudio sobre el costo que tiene la violencia en Latinoamérica calcula que este fenómeno le cuesta hasta US$261.000 millones al año a la región.

Mientras Estados Unidos invierte 2,75% del PIB en seguridad, Francia 1,87% y Alemania 1,34%, latinoamericana destina hasta 3,55%.

¿Cuál es la respuesta para convertir nuestras ciudades en lugares seguros y prósperos? Según Iván Kraljevic, Experto en Ciudades Seguras de Motorola Solutions, la conclusión es que el primer enfoque de una Ciudad Inteligente o aquella que pretenda serlo, debe poner la inteligencia al servicio de la seguridad de sus ciudadanos: “Ante los constantes cambios, la función de seguridad pública ha evolucionado, debido a que la dinámica en las ciudades se ha vuelto más compleja, la información es inmediata, las fronteras se han acortado, el crimen organizado y narcotráfico cuenta con un nivel de sofisticación mayor”.

En resumen, el objetivo es evolucionar de un paradigma reactivo a un modelo proactivo, con información convertida en inteligencia, a través de la integración de sistemas, tecnologías y datos inconexos, para que los organismos de seguridad pública puedan contar con mayores y mejores capacidades de toma de decisión informada.

Lentamente, América Latina comienza a avanzar en la dirección correcta y lo más probable es que, en los próximos años, esta tendencia se profundice.