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El académico de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Playa Ancha, Dr. Juan Pablo Reyes, explica
la relación existente entre las mayores economías del mundo y los idiomas con mayor cantidad de hablantes.
Ketchup, ginseng, ping-pong, charol, té, feng shui, tai chi, wantan, son algunas de las palabras que el
contacto con la lengua china, desde hace casi 800 años, incorporó a la lengua de los
hispanoparlantes. Actualmente, este intercambio lingüístico está en aumento, impulsado por la
globalización económica que permite, a su vez, una internacionalización de las lenguas y sus
culturas.  
El académico de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Playa Ancha, Dr. Juan Pablo
Reyes, explica la relación existente entre las mayores economías del mundo y los idiomas con mayor
cantidad de hablantes, entendidas como lenguas que han facilitado los negocios, principalmente, la
compra y venta de petróleo. 
La economía de las lenguas considera a éstas, plantea el especialista, como un bien de uso público,
como un recurso económico, una inversión social y cultural, es así como el inglés cuenta con 1.132
millones de hablantes, el chino mandarín: 1.117 millones, el hindi: 615 millones y el español: 534
millones. Más abajo están, el ruso, el árabe, el portugués, el francés, el alemán, que poseen entre 230
y 280 millones de hablantes.
“Cada hablante que se suma, es una ganancia y cada hablante que deja su lengua, es una
pérdida para las naciones y sus pueblos, no solo por el patrimonio inmaterial, sino también el
material. Desde este mismo enfoque, se considera a la lengua, como materia prima de la
industria de la información, la producción de papel impreso, que no solo incluye al periodismo,
sino que, también, a la publicidad, a las editoriales, el cine, música y la televisión, en distintos
formatos”, detalla el Dr. en Lingüística. 
Todo esto, agrega, se comenzaba a gestar en 1989 con el tratado de Cooperación Económica Asia
Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) que lo integran Australia, Brunei Darussalam, Canadá, Chile,
China, Hong Kong, Indonesia, Japón, Corea, Malasia, México, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea,
Perú, Filipinas, Rusia, Singapur; Taipei-China, Tailandia, Estados Unidos y Vietnam. Cabe destacar
que, de estos países, solo tres hablan español: México, Perú y Chile.
“Cuando los gobiernos invierten en la enseñanza de las lenguas como lengua materna y como
segunda lengua, ganan un mercado para sus productos, sus ofertas y sus demandas, sus
exportaciones e importaciones, sus inversiones en el extranjero, en definitiva, mejoran sus
negocios y sus negociaciones se ven favorecidas. En consecuencia, lengua y economía se
intersectan, colaborándose mutuamente en la transmisión de patrones culturales que permiten
abrir caminos a nuevos productos y nuevos mercados. Este recurso y primera herramienta,
que utilizó la humanidad, para conseguir y administrar productos, es la materia prima
indispensable en el trueque y en el sistema de monedas y billetes”, enfatiza el Dr. Juan Pablo
Reyes.
El académico UPLA complementa con tres datos: Actualmente 54 mil chinos aprenden español, es el
idioma que se enseña oficialmente como segunda lengua en las instituciones educativas desde 2018,
año en que el Instituto Cervantes y la Real Academia Española de la Lengua la establecieron como el
dialecto con mayor influencia; y ocupa el tercer lugar como la lengua de mayor presencia en las redes
sociales y en las comunicaciones internacionales, después del inglés y del chino. 
Sin embargo, el Dr. en Lingüística deja planteada la interrogante, ¿cuántos hispanoparlantes saben
chino y cuáles son las motivaciones y los incentivos estatales para aprenderlo y usarlo?. Al parecer,
recalca, la difusión de la lengua china es aún insuficiente.