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Hay un popular dicho que dice que se debe desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo; el cual encierra mucha más sabiduría de la que puede parecer. El gasto energético de nuestro cuerpo comienza a un máximo cuando nos levantamos y desde entonces va disminuyendo, con lo que realmente el desayuno debe de ser la comida más potente del día, no sólo para tener más energía, sino para mantener un peso estable. Con un buen desayuno, nuestro cuerpo se activa de la forma más conveniente, con una especial atención a nuestras defensas, algo que nos ayuda a mantener alejadas de nosotros cualquier enfermedad o dolencia.

Algunos pueden pensar que desayunar es algo más engorroso que otra cosa, limitándose a tomar de forma rápido un café y un bollo, algo no demasiado recomendable. Lo mejor es poner algo de nuestra parte e informarnos sobre que alimentos tomar y cómo cocinarlos, en las páginas de anuncios online podemos encontrar libros de nutrición y recetas especializados en el desayuno, con lo que nos sorprenderemos de la gran cantidad de posibilidades que tenemos para comer recién levantados. Lo ideal es preparar un desayuno equilibrado donde abunden alimentos de diversos tipos con el fin de que a nuestro cuerpo no le falte ningún nutriente, pero si lo que realmente quieres es centrarte en tus defensas presta atención a los siguientes alimentos en particular.

  • Leche fermentada. La fermentación de la leche con lactobasilos, como puede ser por ejemplo el yogur, es un maravilloso ejemplo de alimento beneficioso para nuestras defensas. En la leche fermentada podemos encontrar bacterias vivas beneficiosas para la flora intestinal, con lo que de forma sencilla mejoramos las defensas de nuestro sistema gástrico.

  • Frutas y verduras. En un desayuno ideal no pueden faltar las frutas y las verduras crudas, como la naranja o el arándano, ricos en vitamina C y antioxidantes; o la zanahoria, rica en vitamina A. Las vitaminas son el mejor combustible para nuestras defensas, ya que como la vitamina C protege de las infecciones, la vitamina A aumenta las defensas de la piel y las mucosas.

  • Frutos secos. Alimentos como las almendras, los cacahuetes o las nueces son muy beneficiosos por su alto contenido en minerales y vitaminas, como la vitamina E, que ayuda al funcionamiento correcto del aparato inmunológico. Además son una fuente de Omega 3, que ayuda a reducir los niveles de colesterol.

  • Huevos y pescados. Por último, no podemos dejar de lado las proteínas, que aumentan la resistencia de los anticuerpos. En los huevos y el pescado encontramos proteínas de alta calidad, mucho más saludables que las procedentes de la carne, además de con la ventaja de contar con otros nutrientes, como el zinc o el fósforo.

  • Pan y cereales. Por último, no podemos dejar de lado los hidratos de carbono, que aunque no afecten directamente a nuestras defensas, si son la base energética de cualquier dieta, con lo que activan el cuerpo de forma conveniente. Un cuerpo activo y enérgico siempre se enfrentará mejor a los ataques, desde un virus hasta una infección.