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El 78 % de los niños que padecen esta enfermedad

sobrevive en Chile.

La leucemia es la patología más común entre los menores a nivel nacional,
alcanzando el 35% de los casos. Le siguen en frecuencia el Sistema Nervioso
Central (17%) y linfomas (10%).
Según el Registro Nacional de Cáncer Infantil, al año se diagnostican cerca de 500 niños
con esta enfermedad, siendo la segunda causa de mortalidad en niños entre 5 y 15 años.
De acuerdo con el Programa de Cáncer Infantil (PINDA) del Ministerio de Salud, los de
mayor frecuencia son las leucemias (35%), aquellos que afectan al Sistema Nervioso
Central (17%) y linfomas (10%).
Pese al impacto que puede tener el cáncer, en la actualidad el 78% de los niños y
adolescentes diagnosticados con esta patología sobrevive, dependiendo del tipo de cáncer
y en qué etapa se presenten.
Sin embargo, es importante que los menores se realicen un control estricto, incluso de por
vida, ya que pueden sufrir recaídas los primeros años post tratamiento, o tener secuelas y
complicaciones ocasionados tanto por la enfermedad como por el tratamiento.
De acuerdo al Coordinador de Oncología de Clínica RedSalud Santiago, Dr. Felipe Espinoza,
en caso de que el niño deba someterse a una quimioterapia, que es una terapia con
reacciones adversas de diferente índole, lo tolerará bastante mejor que un adulto. “Al ser
más pequeños y estar en pleno desarrollo, tienen mucha más capacidad de reproducción
celular”, afirma.
“Hay que recordar que los tratamientos agresivos como la radioterapia y la quimioterapia
pueden causar secuelas en la salud del paciente. El nivel del daño depende del tipo de
droga que se use, pero entre otras cosas pueden desarrollar compromiso de medula ósea
lo que produce anemia, baja de plaquetas y de leucocitos (glóbulos blancos), caída del
cabello, diarreas y puede perjudicarlo neurológicamente, presentando, por ejemplo, algún
tipo de neuropatía o neurotoxicidad, afecciones pancreáticas y alteraciones cardiacas o
incluso nuevos cánceres en el futuro”, advierte el experto.
El doctor Espinoza aclara que, por lo general, es esperable que haya pacientes que tengan
efectos secundarios, como por ejemplo la disminución de plaquetas, glóbulos blancos y
rojos. Estos son efectos pasajeros, pero que a la larga podrían desencadenar alguna
secuela. De todas maneras, reitera que en el caso de que un menor haya padecido de
cáncer, es importante realizarles controles estrictos de por vida.

Cuidado con los síntomas

Realizar controles periódicos a los niños es fundamental para detectar cuando algo no
funciona, sugiere el Coordinador de Oncología de Clínica RedSalud Santiago. “En muchos
casos son los padres quienes notan las anomalías, por ejemplo, una masa abdominal,
algún tipo de compromiso neurológico, palidez, sangrado, etc., por eso hay que estar
atentos a estos síntomas”.
En el caso de la leucemia, el cáncer más habitual en niños, se produce una disminución de
las células de la medula ósea que puede generar anemia, por lo tanto, si el menor luce
pálido, cansado o sufre taquicardia, son señales de alerta que hay considerar. “También
puede ocurrir un aumento o disminución de glóbulos blancos, que pueden ocasionar
infecciones y descenso de las plaquetas, lo cual incrementa la posibilidad de hematomas y
sangrado”, agrega el especialista de Clínica RedSalud Santiago.
Otro de los cánceres frecuentes es el que afecta el sistema nervioso central, los cuales se
manifiestan con fuertes dolores de cabeza, alteraciones neurológicas y endocrinas. En el
caso de los tumores en el resto de cuerpo, los niños pueden desarrollarlos en cualquier
lugar ya sea en ojos, huesos y riñones, por lo tanto, dependiendo de donde aparece la
anomalía, será el tipo de síntomas que va a provocar.
“Por ejemplo, los lactantes a veces presentan tumores en la retina y se puede identificar
porque el ojo se pone más blanco asociado con estrabismo. En el caso de que el problema
ocurra en la zona ósea, el niño empieza a tener dolores de huesos, o si existen problemas
neurológicos puede presentar convulsiones, u otro signo de alteración neurológica, como
por ejemplo, ataxia que es una descoordinación corporal que puede afectar a los
movimientos de las extremidades, ojos, habla o deglución, que podría ser un indicador de
que algo no anda bien en el área cerebral”, concluye el especialista.