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Especialista entrega las claves de por qué los
adolescentes prueban el cigarro o la marihuana
Neuropsicóloga de la Universidad de Playa Ancha (UPLA) afirma
que, en ese periodo, el proceso explorativo es inducido por lo que
hacen compañeros y amigos.
Si tiene un hijo adolescente, tome asiento y lea con atención. Es frecuente que en
este periodo el joven experimente los primeros acercamientos hacia el alcohol, el
cigarro u otras drogas como la marihuana y, aunque usted no lo crea, esta
conducta tiene una explicación científica.
La doctora Lillian Pérez Loezar, especialista en Neuropsicología y Neurociencias
Cognitiva de la Universidad de Playa Ancha (UPLA), explica que el ser humano
necesita explorar para facilitar su proceso de aprendizaje. Los hacen los bebés
cuando se llevan las cosas a la boca o cuando el niño recorre todos los espacios de
una casa porque quiere saber qué hay más allá. Quiere conocer, experimentar. Lo
mismo ocurre con los adolescentes.
“Cuando vamos creciendo, nuestra niñez/adolescencia, la exploración ya
no es solamente a través de los sentidos, sino que parte algo que se llama
‘proceso de aprendizaje vicario’. Es decir, (ven) qué hacen los demás, y
empiezan por imitación a adquirir conductas del entorno (mis amigos, mis
compañeros), porque mi cerebro sigue necesitando aprender, pero a
través de los actos que hacen los demás. Por lo tanto, si los demás
empiezan a consumir alcohol, yo quiero saber qué se siente”, sostuvo la
especialista, quien precisó que, en ese periodo de la vida, quienes validan al joven
son los amigos y compañeros.
Ahora bien, el adolescente que experimenta primero se siente superior, lo que
genera un efecto multiplicador que facilita que otros comiencen a probar
sustancias. La especialista advierte que esta conducta se acentuará si en casa los
padres tienen hábitos de fumadores, bebedores o consumen otras drogas.

TODO ESTÁ EN EL CEREBRO

Pero, ¿por qué un adolescente después de probarla, sigue consumiendo droga? La
especialista explica que ello ocurre porque una parte del cerebro, llamado “núcleo
accumbens”, identifica y reconoce aquello que nos hace feliz. De hecho, hay
muchos productos y sustancias que son adictivas, como el azúcar, hidratos de
carbono y grasas, entre otros. Lo mismo ocurre con la marihuana, nicotina,
alcohol y diversas drogas, así como también con aquellas conductas como el juego
o las compras compulsivas.
En este contexto, resulta muy útil comprender que es natural que los adolescentes
busquen experimentar otras sensaciones o experiencias, ante lo cual es clave
saber cómo orientarlos adecuadamente para que no adopte el consumo como algo
habitual. Sin embargo, los padres deben tener presente que decir “NO” cuando se
busca que el adolescente se aleje de las drogas, no tiene sentido, pues -de
acuerdo a lo que precisa la doctora Pérez-, el cerebro es incapaz de procesar esa
palabra.
“Entonces ¿qué tengo que hacer? Un trabajo preventivo, decir ‘mira hijo,
esto te hace bien y esto definitivamente te hace mal’, pero yo no le puedo
prohibir, primero porque el cerebro no lo va a procesar; segundo, el
adolescente, como está en desarrollo de identidad (porque está en
desarrollo de la cognición social), lo más probable es que si le digo no, lo
hará tres veces más, porque se quiere desidentificar de parecerse a la
mamá o papá y busca su identidad propia. Por eso, más que decirle no, es
invitarlo a mostrarle las consecuencias”, sostuvo la especialista.
Agregó que la persona que necesita alguna de estas sustancias o desarrolla cierto
tipo de conductas para sentirse feliz, podría reflejar la desregulación de tres
neurotransmisores: dopamina, serotonina y noradrenalina, los cuales están
asociados a las emociones.
Finalmente, la profesional advirtió que, para evitar el consumo de cualquier droga
de un hijo adolescente, es clave conversar con él, saber cómo se siente y estar
siempre atentos a cualquier cambio conductual, porque no hay mejor prevención
que una actitud de escucha y atención por parte de los padres o familiares más
cercanos.