Desde las primeras palabras traídas por los conquistadores españoles hasta los aportes de las culturas
indígenas, el léxico marítimo es testimonio de historia, tradición y sabiduría. Así lo plantea el Dr. en
Lingüística de la Universidad de Playa Ancha, Juan Pablo Reyes.
El mar ha sido siempre una parte fundamental de la vida en Chile, y esto se refleja en nuestro
lenguaje. Desde las primeras palabras traídas por los conquistadores españoles hasta los
aportes de las culturas indígenas de las zonas centro norte y austral junto con la propia
experiencia de los chilenos con el océano, el léxico marítimo es testimonio de historia,
tradición y sabiduría.
Así lo ratifica el académico del Departamento de Literatura y Lingüística de la Universidad de
Playa Ancha, el Dr. Juan Pablo Reyes Núñez, quien plantea que de esa época vendrían
palabras como embarcar, abordar, que se usa hoy con el sentido de subirse al avión, timón
en el sentido actual de timonel de algún partido político, flota, que hoy se usa para conjunto
de buses.
“En definitiva, a medida que esta oleada lingüística fue inundando nuestro continente,
cada región, le fue dando un sentido distinto, por ejemplo, en el caso de su ingreso al
habla chilena tenemos: puro tollo, sacar los choros del canasto, Jurel tipo salmón,
vender la pescada, pata de lancha, zarpar, zarpado, atracar, Iquique es puerto las
demás caletas, caleta, estar lona, entrar agua al bote, upa chalupa, pirata”, detalló el
académico UPLA.
Otras dos fuentes importantes que nutren al léxico marítimo chileno, agregó el Dr. Reyes, son
los nombres de los peces más populares, conocidos y consumidos en Chile, por ejemplo, la
reineta, la merluza, la albacora, y dentro de los moluscos, el loco, el choro, el mejillón, el
picoroco y el piure y los nombres que la cocina criolla usa para sus platos: la paila marina, el
caldillo de congrio, pastel de jaiba, machas y ostiones a la parmesana, camarones al pilpil,
las calugas de pescado con pebre, el sándwich de pescado en pan batido y el famoso
pescado frito con ensalada a la chilena.
A este repertorio de palabras de la jerga del pescador, se suma la visión femenina que viene
de parte de las algueras, recolectoras de luche, cochayuyo, luga, chasca, ulte, caracoles y su
importante aporte, en la cultura y en la sociedad, a través de la defensa de sus derechos y
deberes con la pesca artesanal, su familia, la comunidad y con el propio mar.
También están los vocablos provenientes de la climatología o del glosario de palabras
referido al mar, sus productos y actividades, como son: vaguada, marejada, mar risada,
corrientes, ola, delta fluvial; también se agregan los de la topografía litoral acantilado, fiordo,
canal, estrecho, bahía, península, marisma.
“Muchas de todas estas voces ayudan a la literatura a universalizar el mar como en “La
Odisea” y en las novelas y cuentos modernos, “Veinte leguas de viaje submarino”,
“Moby Dick”, “El viejo y el mar” y, en los cuentos chilenos, “Lanchas en la Bahía” y “El
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último grumete de la Baquedano”. La poesía entrega, también, un uso trascendental en
los poemas de la gran Alfonsina Storni”, destacó el académico de la Facultad de
Humanidades.
Valparaíso, concluye el Dr. Reyes, es un centro de irradiación del habla marinera, dada su
privilegiada ubicación geográfica, la que ha permitido tener en su litoral bahías, caletas,
puertos, muelles, playas, dunas, deltas, balnearios, y en consecuencias realizar deportes
náuticos, pesca artesanal y deportiva y, por lo mismo, podemos conversar con vista al mar y,
a veces, a lo picado a choro.