La jerga del librero en el Mes del Libro.

 

Abril, fue el mes del libro, y con ello, en los distintos territorios se desarrollaron diversas
actividades para promover la lectura. Una práctica que viene desde el medioevo europeo,
organizado por los “estacionarios” como se les decía en aquella época o libreros, según relata
el Dr. en Lingüística de la Universidad de Playa Ancha, Juan Pablo Reyes.
El académico de la Facultad de Humanidades recalca que en Chile estos encuentros tienen
una existencia de no más de treinta años. Aumentando cada año el número de eventos,
desde Arica a Punta Arenas, cubriendo las capitales de varias regiones y provincias, y donde
el rol del librero era central.
En Francia se les conoce como los “bouquiniste”, tomado el nombre de sus especiales
mostradores de lata que abren y cierran en cada jornada. El librero aparece con frecuencia en
las novelas, como un interesante proveedor de misteriosos documentos.
Así lo describe -plantea el Dr. Reyes- el gran lector, bibliotecario y escritor argentino Jorge
Luis Borges, como «un hombre alto, de rasgos desdibujados (…) Todo su aspecto era de
pobreza decente. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano (…) Al principio lo creí viejo
(…) Exhalaba melancolía …- vendo Biblias- me dijo (…)-No solo vendo Biblias. Puedo
mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese. Lo adquirí en los confines de Bikanir. Abrió
la valija y lo dejó sobre la mesa. Era un volumen en octavo, encuadernado en tela. Sin dudas
había pasado por muchas manos (…) su inusitado peso me sorprendió. En el lomo decía Holy
Writ y abajo Bombay. Será del siglo XIX- Observé (…) Los caracteres me eran extraños. Las
páginas, que me parecieron gastadas y de pobre tipografía, estaban impresas a dos
columnas a la manera de una Biblia. En el ángulo superior de las páginas había cifras
arábigas. Usted se propone ofrecer este curioso espécimen al Museo Británico (…) fui a mi
dormitorio y le traje el dinero y el libro. Volvió las hojas y estudió la carátula con fervor de
bibliófilo.»[J.L. Borges. El libro de arena]
De este modo, la actividad de comprar y vender libros le permitió al librero generar un modo
de expresión particular que se gesta a lo largo de la historia del libro.
El especialista de la UPLA comparte algunos ejemplos ilustrativos de la jerga que se habla en
las librerías de libros usados y en las no tanto, como “basurita”, referida a aquel libro al que se
le puede aumentar su precio, independiente de su valor cultural; “Benefactor de los pobres”
entendido como el cliente que compra asiduamente al “pobre” librero, “Biblia” considerado el
libro más importante de una ciencia o disciplina; Cazadores de manuscritos, son aquellos
bibliófilos que se afanan en el descubrimiento y obtención de textos desconocidos o difíciles
de encontrar de escritores clásicos griegos y latinos.
Un libro charqueado, es aquel al que le sacaron las láminas; los chacales, coyotes o linces
son vendedores agresivos e imperativos para vender y buscar material bibliográfico; las
Ediciones Walter Raleigh y pata de palo son las ediciones piratas; también se usan filete,
julián y su variante julero, ladrillo, libro capado, libros por metro lineal o papel picado.

Y finalmente, está el protector de las viudas, que se le llama al librero que compra la
biblioteca dejada a los deudos.
Son diversas las actividades asociadas al mes de libro que se seguirán desarrollando, por
tanto es una oportunidad para buscar esa “biblia” o esa edición “filete” que le falta a tu
colección.