Académico Ignacio Rojas asegura que es necesario que así sea,
pues permitiría la representatividad de todas las demandas en los
cargos de elección popular vigente, lo cual puede representar un
escenario político de cambio.
A poco más de cuatro meses de la elección presidencial y considerando la baja
participación en las recientes elecciones de gobernadores regionales, aún no se
resuelve si habrá o no voto voluntario, a pesar de que el proyecto fue aprobado en
la Cámara de Diputados.
Tras estas últimas elecciones, se retomó la discusión sobre la voluntariedad u
obligatoriedad del voto en los procesos eleccionarios, lo que obliga a reflexionar
sobre los mecanismos de participación.
Así lo plantea el geógrafo y académico de la Facultad de Humanidades de la
Universidad de Playa Ancha (UPLA), Ignacio Rojas, quien asegura que en un
modelo político y económico basado en las diferencias de clase, el análisis de la
participación desde un punto de vista geográfico permite examinar los procesos
considerando lo ideológico. Por ejemplo, en la Región Metropolitana los sectores y
comunas populares presentan una menor participación en el último proceso
electoral del 13 de junio y, contrario a ello, en las comunas de altos ingresos se
pudo observar una alta participación de votantes.
“Al parecer el discurso del miedo y del fantasma comunista sigue siendo
un aspecto que marca la alta participación de la población de altos
ingresos y la desconfianza en el sistema democrático, producto de la
exclusión histórica de los sectores populares de la política a diferentes
escalas, muestra la baja participación en sectores de menores ingresos.
Creo que este escenario no solo se revierte con mayor educación cívica,
sino con transformaciones profundas en los métodos de participación de
la población en las decisiones políticas, desde lo que se refiere a su barrio
hasta lo nacional”, afirma el académico.
DESMOTIVACIÓN
El académico advierte que a nivel comunal, regional y nacional hay una clara
desmotivación para la participación de la población, ya que la abstención puede
significar reforzar a sectores que fomentan la intolerancia, la discriminación y la
marginalidad de ciertos grupos de la población.
Ignacio Rojas subraya además que el voto, como un acto individual de
participación política en un sistema neoliberal como el de Chile, también responde
a situaciones particulares, coyunturales o utilitaristas. Es decir, las personas
deciden en función del cálculo de la utilidad esperada. Lo anterior se observa en la
primera vuelta de las elecciones de gobernador/a en la Región de Valparaíso,
donde existió una participación promedio del 45% en toda la región y, en
comunas con conflictos ambientales, llegó incluso al 60%.
Rojas plantea, además, la necesidad de modernizar el sistema electoral, que
prácticamente no considera el aspecto geográfico respecto a los locales de
votación y su localización para fomentar la participación de la población. En este
punto –dice-, sólo se ha presentado la propuesta sobre la gratuidad del transporte
público (que tendría un costo importante para el Estado) pero no en la
reorganización estratégica de la relación votante-lugar.
“Comprendiendo la coyuntura por la pandemia y lo necesario de esta
medida, esta nos demuestra que el Estado tiene la capacidad de integrar
a toda la población en situaciones de crisis, entonces: ¿Por qué en un
sistema democrático en crisis, no existen propuestas que consideren una
modernización y reorganización para que la población vote y participe de
los procesos? Esto implicaría invertir el paradigma actual en el que es la
población la que debe desplazarse hacia los locales para ejercer el voto,
por un sistema que permita acercar los locales de votación a los barrios,
sectores rurales o zonas aisladas. Claramente, este último aspecto debe
complementarse con una discusión profunda sobre la participación más
allá de los procesos de elección de representantes y que permita dotar de
mayor poder a la población de sectores que históricamente no lo han
tenido”, dice Rojas.