Desde la cartografía real hasta la cartografía virtual en la nube, el nuevo paradigma de la información geográfica.

 

En la década de los 90, los geógrafos aprendían en las universidades

que la cartografía diseñada como una expresión de la realidad a una

escala geográfica determinada, “no era el territorio”, en cada cátedra

orientada a la representación cartográfica este tema era el mantra del

profesor; “cuidado con confundir las cosas, el papel que tienen en sus

manos representa una guía, un camino para interpretar la realidad

geográfica, pero los planes, programas y proyectos bajan al territorio

real, con personas reales que se benefician de las políticas públicas

que se otorgan”. Así, los mapas permitían una simplificación de una

realidad compleja, con modelos conceptuales y mentales expresados

en puntos, líneas y polígonos, teniendo como objetivo mostrar

elementos representativos del espacio geográfico que da respuesta a

un problema específico, luego, hecho el análisis, el mapa presuntuoso

de ser algo que no era, terminaba colgado en la pared de alguna

Universidad donde se admiraban sus colores y trazos por parte de

alumnos y profesores que deambulaban cada día por los rincones de

alguna reconocida casa de estudios.

Abundaban los geógrafos y cartógrafos asustados de no embriagarse

con sus representaciones cartográficas que mediante medios

tecnológicos llenaban de colores aquellos lienzos de papel que eran

como fotografías de un lugar o un espacio, con sus etiquetas y

significaciones propias de un mundo real que trataban afanosamente

de simplificar, otros, perdían el tiempo diseñando imágenes en un

computador que mostraba una cartografía digital lista para ser

cuidadosamente impresa.

Después de 20 años de desarrollo tecnológico, donde las relaciones

humanas se vieron desplazadas por nuevas formas de comunicación,

ya la vieja cartografía de papel sólo se comparaba con las cartas de

antaño, donde las respuestas tardaban varios días en llegar, realidad

que formaba amores rabiosos que hacían vigilias en el correo de la

ciudad, frente a la plaza con la Iglesia de costado, se esperaban con

ilusión las cartas de respuesta a nuestras interminables horas de

espera. Los tiempos lentos del espacio físico hacían un mundo más

amplio y acogedor, los mapas que también tenían como función

acortar distancias y simplificar una realidad compleja, tuvieron un final

anticipado, el inicio y despliegue masivo de internet cambió para

siempre la interacción humana y la tecnología envolvió casi todos los

aspectos de la vida moderna.

La instantaneidad se tomó los tiempos lentos y la información fue

mutando a un nuevo espacio que encontró en las carreteras digitales

nuevas velocidades y formas de comunicación, permitiendo un enlace

seguro en cualquier lugar del espacio físico y aumentando el grosor de

sus conexiones de forma rápida y sostenida a través del tiempo, así,

finalmente la espera en el correo mirando la plaza y la iglesia, paso a

una espera acotada mientras nuestro notebook se conecta a internet y

el paisaje a mirar solo es una pantalla azul que tarda minutos en

cargar, atrás quedaron los días interminables de respuesta a nuestras

cartas. Los mapas hoy en día representan esa inmediatez, con sus

complejidades y vicios, no poseen una escala física determinada y no

están sujetos al territorio real tal como lo conocíamos en décadas

anteriores.

Y finalmente el paradigma cambió, “el mapa viejo y polvoriento es el

territorio”, los tiempos y contenidos expresados en lienzos de papel y

en una imagen de computador son la expresión misma de la realidad

territorial con nuevas conexiones en esta era digital, que ya desplazó

la realidad física y sus vínculos, predecibles y medibles con viejas

herramientas. No tienen un punto central y por lo tanto están en

continua expansión, solo podemos hablar de ellas como la nube que

define en la actualidad todos los espacios y todas las comunicaciones

que tenemos como especie y que podemos confiar en que los mapas

y representaciones cartográficas son fiel reflejo de esta realidad.

Por Rubén Cecenque Troncoso, Laboratorio SIG, Centro de

Investigación en Turismo y Patrimonio, cityp.org

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