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Lucía Dammert, académica de la Universidad de Santiago, no comparte la decisión de la Corte Suprema que validó el acuerdo de la Corte de Apelaciones para otorgar libertad condicional a más de mil 600 prisioneros, con el fin de disminuir la sobrepoblación en recintos penitenciarios.

“Uno es el problema del hacinamiento y otra cosa diferente es lo que está pasando en los últimos días con las libertades condicionales. Son dos cosas diferentes. Y hay que tener cuidado de vincularlos, porque las libertades condicionales se dan porque la ley permite un procedimiento para aquellos que cumplen con ciertos mecanismos accedan a la libertad condicional”.

Así se refirió la socióloga experta en materias de seguridad de la Universidad de Santiago, Lucía Dammert Guardia, respecto al fundamento con que la Corte Suprema validó el acuerdo de la Corte de Apelaciones para otorgar libertad condicional a más de mil 600 prisioneros: disminuir la sobrepoblación en los recintos penitenciarios.

“No es que se acceda a la libertad condicional porque hay hacinamiento. Decir eso es como asegurar que los jueces no dan sentencias condenatorias con cárcel por preocupación de hacinamiento”, afirma.

La académica agrega que “las salidas mensuales de personas privadas de libertad que tienen acceso a libertad condicional son altas hace mucho tiempo” y enfatiza que no se trata de estar de acuerdo o no.

“Dado que es lo que dice la ley, hay que cumplir con ella. Ahora, yo creo que hay que revisar el proceso legal; es decir, la ley hay que modernizarla, pero hay que tomar en cuenta que el gran pendiente es la carencia de programas de inserción pos penitenciaria. Ese es el punto”.

Precisa que no es relevante si los reos salen de la cárcel antes o después de cumplir su sentencia, sino que “lo importante es a dónde salen y cómo los reciben, porque que estén diez o cinco años para después salir y quedar en la calle, en ninguno de los dos casos es una medida muy eficiente”.

Sistema carcelario colapsado

“Lo que está claro es que el sistema carcelario está colapsado; está en números rojos en términos de las capacidades verdaderas de una habitabilidad digna”, recalca.

Enfatiza que “introducir más gente a la cárcel sin programas reales de reinserción o rehabilitación es una apuesta muy negativa. Y lo que hay que buscar entonces son los mecanismos para aumentar la disponibilidad de plazas, por un lado, y después modernizar aquellos programas de rehabilitación y reinserción penitenciaria y pos penitenciaria que puedan asegurar que la menor cantidad de gente reincida”.

“Hay que reconocer que la cárcel no es una solución sino que muchas veces, como lo estamos viendo ahora, es un agravamiento al problema”, señala.

Respecto a la ampliación del sistema carcelario, la académica recuerda que “desde el gobierno del Presidente Lagos se han desarrollado programas al respecto. Evidentemente el gobierno de Chile a través del Ministerio de Justicia tiene que seguir mejorando y construyendo en aquellos casos que sea necesario mayor habitabilidad para la cantidad de gente que tenemos hoy día en las cárceles, que es bastante”.

“Pero también esto requiere de un proceso de modernización de algunas salidas y de penas respecto a ciertos tipos delictuales. Por ejemplo, los grilletes electrónicos para ciertos hechos delictuales, que se utilizan pero se deberían usar más, así como la búsqueda de fortalecer los sistemas alternativos”, añade.

Concluye que “el gobierno tiene que buscar los mecanismos para hacer más rápida la construcción de los nuevos recintos carcelarios y tratar de fortalecer todas aquellas cosas que tienen que ver con los programas de reinserción”.

Por Andrés Zanetti Aránguiz