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Adicción a la Comida Chatarra.

Un nuevo libro revela más secretos sobre la comida basura: “Sal, azúcar y grasas: son los gigantes de la alimentación que nos van enganchado”. Su autor es Michael Moss, ganador del premio Pulitzer en 2010 por una serie de reportajes de investigación sobre la comercialización de carne contaminada.

Ya en ese mismo año, 2010, un informe especial de New Scientist demuestraban que los alimentos con alto contenido de azúcar, grasas y sal tienen un efecto similar al de la cocaína.

Comer para sentirse feliz

La clave está en el “punto de felicidad”, que es cómo los fabricantes describen los niveles de azúcar, grasa y sal en los alimentos procesados.

Después de tres años de investigación y de muchas conversaciones con ejecutivos y científicos de multinacionales como Pepsi, Kraft, Unilever, Mars y Kellogg, Moss descubrió que en el centro de la estrategia de las empresas está en esa impía trinidad formada por la sal, el azúcar y la grasa.

Los fabricantes quieren lograr un vínculo perfecto entre la comida y la sensación de bienestar que se produce en el cerebro de los consumidores después de tomar algo apetitoso.

Su obsesión es que volvamos a más cuanto antes, por lo que la industria se ha obsesionado con encontrar este "punto de felicidad".

De hecho, para conocer el poder sensorial de los alimentos, realizan estudios de exploración de resonancia magnética que sirven, por ejemplo, para ver cómo actúa el azúcar en el cerebro, y los resultados son espeluznantes, ya que al parecer tendría el mismo efecto que la cocaína.

Junto con el azúcar, la sal y la grasa forman un trío de sabores fascinante que, según afirma Moss, hacen que sea imposible resistirse, superando nuestras reservas de autocontrol y haciendo que nos lancemos compulsivamente al consumo de ciertos alimentos.

Mezcla fatal: Azúcar, sal y grasa

La sal, al igual que el azúcar, también es refinada para potenciar su sabor y acelerar

su metabolización. “Una práctica que lleva más de dos décadas utilizándose para elaborar las patatas fritas, y el principal ‘truco’ que las hace irresistibles”.

Esta obsesión llega a tales extremos que se han justificado conductas poco éticas como alterar la composición química de ciertas sustancias (se usan potenciadores para aumentar la dulzura del azúcar hasta 200 veces) o modificar las cantidades recomendadas.

Moss convenció a tres de los mayores fabricantes para dejarle probar sus productos con niveles significativamente reducidos de estos tres ingredientes. "Sin sal, las galletas saladas han perdido su magia. Sabían a paja, parecía que estaba masticando cartón y no tenía ningún sabor".

El escritor afirma que los fabricantes adoran la sal porque apenas es un poco más caro que el agua, tiene "poderes milagrosos" y aumenta el atractivo de los alimentos procesados.

Lo mismo ocurre con las sopas, carnes, panes... "Si quitas un poco de sal o azúcar o grasa de los alimentos procesados, ya no sabrán igual".

Además, la fórmula varía según los países y los destinatarios finales de los productos. Los estudios muestran que el punto de felicidad para los niños puede tener un contenido de azúcar del 36 por ciento, tres veces más que en los adultos.

Esto no solo aumenta el riesgo de sufrir sobrepeso u obesidad, sino que incrementa las posibilidades de contraer diabetes, asma y hasta esclerosis múltiple, según revelan varios estudios.

Los médicos están cada vez más preocupados por el efecto de la fructosa (otro de los componentes estrella), porque el cuerpo no procesa igual el jarabe de fructosa que el azúcar natural. "Estos sustitutos, explica Moss, aumentan los niveles de grasa en sangre asociados con las enfermedades cardiovasculares”.

Una reciente investigación de la Universidad de Yale, avalada por la American Medical Association, concluyó que el consumo de esta sustancia puede provocar hipertensión, gota o diarrea.

Incluso se sospecha que pudiera haber una relación entre estos productos y el aumento de los casos de obesidad, considerada ya una epidemia mundial.

"He descubierto que muchos de los ejecutivos que hablé con salir de su camino para evitar sus propios productos," dice, "sobre todo si se han topado con problemas de salud."

Conclusión o reflexión

"Debemos educar a la población sobre el modo en que las grasas, el azúcar y la sal toman al cerebro de rehén", dice David Kessler, ex comisionado de la Administración de Alimentos y Drogas, de los Estados Unidos, y actual director del Centro para las Ciencias de Público Interés.

Ya no quedan dudas de que la comida chatarra rica en sal, azúcar y grasa genera trastornos en los mecanismos biológicos, que son tan poderosos y difíciles de combatir como el abuso de las drogas. Y ya que el uso de las drogas está reglamentado, ¿no es hora ya de imponer regulaciones más duras a la comida chatarra?

Fuentes: Daily Mail / New Scientist

Alimentos prohibidos en el Deporte.

Hay alimentos que deberías evitar si eres un deportista o realizas de forma activa actividades físicas. Aquí te enumeramos los más perjudiciales…

 

“Una buena alimentación no hará que un atleta de fin de semana se convierta de la noche a la mañana en campeón olímpico; pero una nutrición deficiente convertirá a un campeón olímpico en un atleta de fin de semana”. Esta frase resume la importancia del plan alimentario en el deporte.

De cualquier manera, la alimentación en quienes realizan deporte, ya sea recreativo o profesional, no sólo ayuda a mejorar el rendimiento, sino que sirve para conservar y/o mejorar la salud. • Bebidas alcohólicas

El alcohol es un arma de doble filo, por un lado, sólo aporta una gran cantidad de calorías vacías (7 calorías por cada gramo ingerido) sin valor nutricional. Por otro, consume vitaminas y minerales para ser metabolizado. Además de dañar el hígado, provocar deshidratación y aumenta la cantidad de radicales libres que dañan a las células. Se puede tomar de vez en cuando una bebida alcohólica, preferiblemente una cerveza, una copa de vino tinto o una sidra, que tienen una baja gradación alcohólica y contienen fitoquímicos como el resveratrol de la uva o el lúpulo de la cerveza, que protegen tu salud.

Las mejores copas: vino blanco o rosado (80-90 kcal/100cc) vino tinto (75 kcal/100 cc) sidra (37 kcal/100cc) cerveza (47 kcal/100cc) cava (70 kcal/100cc)

• Fiambres

¿Confías en una mortadela con cara de ratón? La mayoría de los fiambres que hay en la charcutería no tienen nada que ver con el cerdo del que dicen se originaron. Los procesos de industrialización han hecho que los fiambres como el jamón de York sea una masa de gelatina de color rosado, rica en azúcares, féculas, sal, fosfatos, etc. y muy poco recomendable para una alimentación sana. Y si realmente te decides a leer la etiqueta de estos productos, descubrirás que no tienen nada de naturales.

•Bollería o Pastelería industrial

No te dejes engañar por la publicidad que intenta venderte que los bollos son una fuente de energía para tus músculos con aceites vegetales. Al no ser que pretendas cubrir tus arterias de grasa y hacer de tu cuerpo una central de reserva de los ácidos grasos menos recomendables: los aceites de palma y coco, que aunque son aceites vegetales son un tipo de grasas saturadas, perjudiciales para la salud. Si a esto le añades harinas refinadas, azúcares sencillos y colorantes artificiales, no te quedan muchas razones para disfrutar de un bollo o un pastelito.

•Golosinas

Si quieres saber de que están hechas las gominolas, mira su composición: azúcar, glucosa y colorantes. ¿Hay algo más? Pues aparte de calorías vacías y cierta tendencia a la adicción por el dulce, más vale que dejes de visitar la tienda de la esquina e inviertas ese tiempo y dinero en una buena licuadora para hacerte jugos de frutas naturales cada vez que tienes ganas de algo dulce y de colores.

•Caviar

Un alimento tan caro no podía ser para todos los días. El caviar auténtico se obtiene de las huevas del esturión, aunque también hay sucedáneos de caviar con huevas de lumpo, capelán o las huevas más grandes y rojas del salmón y trucha. El problema de este alimento de reyes está en que aporta hasta 244 calorías por 100 g en forma de 300 g de colesterol y una gran cantidad de sodio (1.940 g) A no ser que te estés preparando una carrera de ultrafondo y no tengas otro alimento a mano, pocos alimentos aportan tanto colesterol en tan poca cantidad.

• Salsas comerciales

Ahora hay salsas embotelladas para todos los gustos, desde la popular mayonesa hasta una bearnesa, ketchup, holandesa, mostaza, napolitana, chutney indio, salsa china, barbacoa, etc. La característica común de todas ellas es su alto contenido calórico, especialmente por su naturaleza grasa. Si además tienes en cuenta los azúcares añadidos, los colorantes artificiales, los aditivos y conservantes, etc. Te conviene hacer la salsa en casa cuando quieras disfrutar de una mayonesa, antes que pasar por ser un conejillo de indias para comprobar como el uso indiscriminado de estas salsas en tu plato, aumenta tu cintura cada mes.

•Aperitivos salados

No te despistes, estamos hablando de las papas fritas, snack como palitos, maní o cacahuetes saborizados, nachos, etc. Esas sabrosas y crujientes cosas que aparecen en una reluciente y llamativa bolsa de colores. Si hay que hacer tanto ruido para vender un producto, algo malo debe tener. Sin tener en cuenta que la mayoría no bajan de 500 calorías por100 g, en forma de grasas, está su alto contenido en sodio, no tienen vitaminas ni minerales, pero añaden colorantes artificiales y potenciadores de sabor como el glutamato, que hacen que no puedas comer sólo una. Y es que son productos adictivos, especialmente antes de comer o tomando algo con los amigos, cuando no hay nada que hacer y entra el "gusanillo del hambre" Es preferible tomar unos frutos secos sin tostar naturales, unas pasas, semillas de girasol, palomitas (popcorn, pochoclo) o aceitunas, a sucumbir a un producto artificial.

• Gaseosas

Pocas personas son capaces de pedir agua en un bar, pero es una bebida completamente sana. Yo no confío en una bebida cuya fórmula es secreta y no hay nada natural en su composición. La lista de bebidas carbonatadas o refrescos para beber es cada vez más larga, pero si comparas las etiquetas de todas ellas, no se distinguen demasiado. Contienen gas carbónico para obtener burbujas, fosfatos, varios aditivos con la letra E, algunos cafeína como excitante y ácido fosfórico, una sustancia que precipita con el calcio, reduciendo la absorción de este mineral, por lo que puede producir descalcificación. Si además escoges una bebida ligera o "light" añade a la lista de inconvenientes los edulcorantes artificiales que no son recomendables.

• Viandas de cerdo

Hablamos del tocino, la panceta, el bacón, la morcilla, y esos productos del cerdo que deberían estar prohibidos por su alto contenido en grasas saturadas, las más perjudiciales para tu salud. Recuerda que nuestros abuelos sólo hacían matanza una vez al año, por lo que no podían disfrutar de estas bombas grasas más que un par de veces al año y aplícate la misma frecuencia.

•Salchichas

¿Has mirado alguna vez la composición de una salchicha? Pues comprueba que el contenido en carne no es mucho y esta no es de buena calidad, pero tiene féculas, azúcares, sal, queso, fosfatos, etc. Cualquier parecido con un alimento es coincidencia. Si además escoges las que tienen ketchup, mostaza, etc. Los colorantes y aditivos aumentan, quizás ni tu perro se la coma, adivina porqué.

• Comidas preparadas

Esa lasaña lista para calentar al horno, esa tortilla que sólo tienes que sacar del plástico, los palitos de pescado, las empanadas o las croquetas "caseras" que se venden listas para freír, no saben a las que te prepara tu madre ¿será porque no tienen nada de caseras? Estos alimentos son muy cómodos, pero más vale que aprendas a cocinar si quieres disfrutar de una buena alimentación. Contienen más grasa de la habitual (incluso la versión ligera) más sal, más colorantes, más conservantes y la carne o el pescado que contienen, no es de la calidad que tu puedes escoger si haces estas comidas en casa.

•Parrillada

Son ricas en alimentos grasos como el chorizo, la panceta, la morcilla, las chuletas, etc. Sin olvidar que la carne chamuscada, contiene benzopirenos, sustancias carcinógenas implicadas en la aparición de tumores.

•Sopas de sobre

No hay nada como una sopa calentita en invierno, especialmente si está hecha en casa, porque las sopas de sobre son ricas en sodio y un potenciador del sabor como el glutamato, conocido como sabor umami o quinto sabor. Aunque no está clara su relación con el síndrome del restaurante chino, o la aparición de infartos cerebrales, no hay que olvidar que el glutamato es un neurotransmisor cerebral, y no se debe abusar de esta sustancia.

•Azúcar blanco

Si eres una persona golosa, escoge miel, al menos la miel aporta sustancias que ayudan a mejorar tu salud y aporta energía de una forma más natural. El azúcar blanco es en realidad sacarosa (99%) y se obtiene de la caña de azúcar o la remolacha azucarera por un complejo proceso de refinamiento que desnaturaliza el azúcar original. Sólo aporta energía (4 calorías por gramo) y un intenso sabor dulce. El problema está en que al ser un carbohidrato sencillo, se absorbe rápidamente y provoca un aumento de glucosa en la sangre con el riesgo de hipoglucemia posterior. Lo que puede hacer de tu dieta un fracaso o provocarte la odiada "pájara" durante el ejercicio.

Los riesgos y beneficios del huevo.

Durante la conferencia Biología Experimental (EB) 2013 se presentaron varios estudios que observaron específicamente el papel del consumo de huevo entero en grupos de alto riesgo, como las personas con síndrome metabólico y enfermedades del corazón, así como los efectos de un desayuno alto en proteínas para los adolescentes con sobrepeso.

“Muchos estudios ponen de relieve un papel positivo de los huevos en los retos actuales que enfrentamos de enfermedades crónicas”, dijo Mitch Kanter, PhD, Director Ejecutivo del Centro de Nutrición del Huevo.

No es el colesterol sino las bacterias

Tradicionalmente cuestionados por sus consecuencias en el colesterol, un estudio publicado en el New England Journal of Medicine dice que los huevos pueden aumentar el riesgo de enfermedades del corazón debido a la forma en que se digieren.

Uno de los informes dice que la lecitina que contienen los huevos, sean revueltos o pasados por agua, aumentan el riesgo de enfermedades del corazón debido a su efecto sobre las bacterias intestinales. Los huevos no son los únicos culpables: el hígado, la carne vacuna y de cerdo tienen un efecto similar. Aunque Stanley Hazen, investigador responsable del estudio, no recomienda eliminarlos de la dieta. “No son buenas las restricciones de grupos enteros de alimentos. Los huevos, la carne y otros productos animales son parte integral en la dieta de la mayoría de la gente”. Sin embargo, su estudio demostró que durante la digestión de estos alimentos, la flora intestinal pueden generar un mediador químico que puede contribuir a la enfermedad cardiovascular.

Quizás un resquicio de esperanza para los amantes de huevo es que el riesgo que implica la lecitina está en la yema de huevo, ese villano que los médicos y científicos vapulearon siempre por su alto contenido de colesterol. Se podría evitar comiendo sólo claras de huevo, pero la Escuela de Salud Pública de Harvard acaba de señalar en otro informe que la yema de huevo tiene proteínas, vitaminas B12 y D, riboflavina y ácido fólico, excelentes nutrientes para reducir el riesgo de enfermedades del corazón.

El mensaje es confuso, y el nuevo estudio parece enturbiar aún más el cuadro. La investigación, publicada en la última edición del New England Journal of Medicine, se centró en los microbios en el intestino y la sangre los niveles de ese mediador químico, una sustancia llamada OTMA (trimetilamina-N-óxido). Cada vez que ingerimos un huevo, las bacterias en el intestino ayudan a convertir la lecitina de OTMA. En el estudio, aquellos con los niveles más altos de OTMA en la sangre tenían “un riesgo 2,5 veces mayor de eventos adversos cardiovasculares” que los que tienen la menor cantidad de OTMA. Incluso entre las personas sin factores de riesgo tradicionales para la enfermedad cardíaca los altos niveles de OTMA se relacionaron con un mayor riesgo de ataque cardíaco y accidente cerebrovascular.

Se necesitan más estudios para confirmar los resultados. Mientras tanto, los expertos recomiendan las reglas de sentido común: no están diciendo “eliminar” sino “reducir” los alimentos con alto contenido de grasas y colesterol, que también reducirán la cantidad de OTMA en la sangre.

Otros estudios presentados:

•Los huevos son parte de una dieta saludable para el corazón

Una investigación de la Universidad de Yale exploró el impacto del consumo diario de huevos enteros en hombres y mujeres con enfermedad coronaria. Los sujetos fueron asignados al azar a consumir ya sea dos huevos, ½ taza de sustituto de huevo o un desayuno alto en carbohidratos durante seis semanas como parte de su dieta típica. Los que comieron huevos enteros o sustituto de huevo no experimentaron ningún efecto negativo en el colesterol total, la presión arterial, el peso corporal o la función endotelial. La conclusión: los huevos enteros pueden ser parte de una dieta saludable para el corazón, incluso en aquellos que tienen la enfermedad coronaria.

•Los huevos promueven cambios lipídicos favorables en personas con síndrome metabólico

Una investigación de la Universidad de Connecticut sugirió que el consumo diario de huevos enteros puede tener un efecto positivo sobre la función y la composición de colesterol HDL en adultos con síndrome metabólico. Los sujetos siguieron una dieta restringida en carbohidratos, y consumieron tres huevos por día o una cantidad equivalente de sustituto de huevo. Después de 12 semanas, los que consumieron huevos enteros experimentaron mejoras en el HDL (colesterol bueno) la composición y la capacidad de eliminar el colesterol de la sangre. Mientras que aquellos comieron tres huevos enteros al día también tuvieron HDL más bajo en triacilglicerol y superior en un componente beneficioso de las yemas de huevo (phosphatidylethanolaime). “Estos resultados apoyan aún más la idea de que los huevos sirven como alimento funcional para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular en personas con síndrome metabólico”, dijo Catherine Andersen, autora principal del estudio y estudiante de doctorado en la Universidad de Connecticut.

•Un desayuno rico en proteínas reduce las calorías que se ingieren en todo el día

Por su parte, investigadores de la Universidad de Missouri presentaron datos que comparan los efectos de un desayuno con cereales (15% de calorías), con uno rico en proteínas de huevo y cerdo (40% de calorías) y un ayuno en la saciedad en adolescentes con sobrepeso / obesidad. El grupo que consumió huevos y cerdo en el desayuno reportó una disminución en el hambre y el aumento de la saciedad en comparación con la proteína normal y el ayuno. Las personas que comen un desayuno alto en proteínas también redujeron voluntariamente su consumo en más de 400 calorías por día durante el estudio de 12 semanas. Si bien no hubo diferencias significativas en el peso entre los grupos, los que no desayunan tuvieron un aumento significativo en el porcentaje de grasa corporal en comparación con los que comieron el desayuno normal o de alto valor proteico. Este estudio apoya los beneficios de un desayuno alto en proteínas como una estrategia de control de peso en adolescentes con sobrepeso y obesidad.

Como mejorar los hábitos en los niños.

Sin lugar a dudas que la parte medular de una buena alimentación es cuando se comienza en edades tempranas.

Es importante que dentro de los hábitos que los niños adquieran desde pequeños esté que se siente a la mesa y coman los alimentos que se requiere.

Cuando un niño tiene más de 3 años y aún no tiene buenos hábitos de alimentación, puede que se requiera un poco más de tiempo para enseñar normas importantes que mejoraran su alimentación.

Es por eso importante que:

Los niños se sientan a la mesa y permanezcan sentados durante la comida. Utilizar los cubiertos, comer solo, no permitir que el niño juegue entre bocado y bocado serán factores claves que ayudaran en su alimentación.

Apaguen la televisión y dediquen el tiempo de la comida a la comunicación familiar.

Todo esto no suele resultar fácil y conlleva paciencia y constancia por parte de los padres y madres. Cuando los niños tienen malos hábitos en edades superiores a los 3 años, lamentablemente, el mal hábito ya está bien establecido. Por lo que erradicar este mal hábito costará un poco más e inclusive puede resultar desagradable tanto para el niño como para los padres.

Recomendaciones familiares

Antes de iniciar piense por un momento si lo que usted quiere que el niño coma, en la familia se consume también. Si no es así, deberá por empezar a hacerlo antes de querer cambiar a su niño.

De otra manera él si lo debe hacer y los demás no. Una vez logrado eso pruebe lo siguiente:

1) Presente al niño su plato con la misma comida que el resto de la familia.

Explíquele que deberá comer lo que comen todos en la familia. No se exalte al explicarle esto, solo explíqueselo con calma pero con firmeza. Si convierte esto en una guerra lo que provocará es que el niño se moleste y no quiera sentarse a la mesa sin hacer una rabieta cada vez. El niño probablemente llorará; cuando suceda esto no lo regañe sino que pídale de buena forma que haga lo que se le pide. Cuando haya terminado la hora de comer se le retira el plato al niño sin ningún reproche.

Evidentemente si el niño no comió tendrá hambre y faltará para rato para su próxima comida. En este caso lo más importante será ofrecer al niño un trozo de fruta, sin embargo nada muy abundante porque se quiere que tenga hambre para la próxima comida.

A la hora de la próxima comida se repite lo mismo. Dele el plato con la comida que todos van a comer. Siempre con calma, sin reclamar lo que paso en la comida anterior. Si no come se retira el plato y se espera a la próxima comida.

No se altere, porque, aunque su niño probablemente no comerá bien por un día o dos no morirá de hambre. Lo más importante es que aprenderá a que no tiene opción y empezará a comer los alimentos.

2) Es muy importante buscar un tiempo para compartir con el niño a diario.

De manera que el sepa que tiene a alguien que lo ama y que desea lo mejor para él. Recuerde que muchas veces ambos o alguno de los padres trabajan todo el día y el único momento que tienen para compartir con sus padres es la comida, de manera que esto puede provocar que el niño busque llamar la atención y haga siempre rabietas. Por el contrario si el niño sabe que sus padres lo acompañan y le dedican tiempo no necesitará de esos mecanismos para pedir cariño y atención. Juegue con su niño, leále un libro etc.

Recuerde todos deben comer sanamente de manera que no se deba hacer platos especiales para los niños. Poco a poco ellos tienen que aprender a comer lo que se come en casa. La única diferencia es la textura de los niños más pequeños y los alimentos que producen alergia que se deben evitar hasta después del año (huevo, pescado, tomate, semillas, etc.).

Conclusión

Muchas veces los niños, como mencionamos anteriormente, buscan llamar la atención con los alimentos. No caiga en el juego de preparar platos especiales porqué es el cuento de nunca acabar. Busque en cambio la manera de estar más tiempo con el niño para cubrir esa llamada de atención.

No dé al niño premios ni castigos con la alimentación. Lo único que debe saber el niño es que su padres los aman y quieren lo mejor para él.

Recuerde siempre que muchas veces el problema primordial es que el niño consigue la atención, buena o mala, de los padres a través de la comida. Por lo que si no se soluciona esto de primera entrada será mucho más difícil conseguir el objetivo de la alimentación. Pase tiempo de calidad con ellos sin que estén alterados o apresurados.

Explíqueles a los niños porque es importante comer bien, dígales que les ayudará a crecer a ser fuertes, que no se enfermarán etc., puede usar juegos para explicarles esto. Recuerde que los niños son muy inteligentes y comprenden mucho más de lo que creemos.

El Pan en la Dieta.

¿Lo como o no lo como? Con menos de 250 gramos de pan al día, podemos respirar tranquilos…

Nuestros abuelos no concebían una mesa de comida sin pan. Ellos no lo sabían, pero el pan aporta fibra, hidratos de carbono, vitaminas del grupo B, minerales (fósforo, magnesio y calcio) y proteínas vegetales. "Forma parte de la base de la alimentación".

Contribuye al equilibrio alimentario, está exento de grasas y sacia a quien lo consume. Así lo afirma Abel Mariné, catedrático emérito en Nutrición y Bromatología de la Universidad de Barcelona. "Es un producto que contribuye al equilibrio alimentario, está exento de grasas, sacia a quien lo consume, tiene un sabor neutro ideal para acompañar a otras comidas y es barato", asegura.

Sin embargo, los hábitos alimenticios del ciudadano del siglo XXI son muy distintos: comemos fuera de casa y cocinamos menos. Todo ello "va en detrimento del pan y en aumento de un mayor desequilibro alimentario", asegura Xavier Barriga, maestro panadero, que lamenta que se sustituya este rico alimento por otros productos más energéticos como la bollería industrial o el pan artificial enriquecido con grasas hidrogenadas.

Pan de “mentira”

Ya no tenemos tiempo para acudir a la panadería a recoger dos barras tiernas recién sacadas del horno. Los hábitos cambian y hoy pequeños comercios, gasolineras o tiendas de 24 horas ofrecen pan a cualquier hora del día. Pero, ¿podemos fiarnos de la salubridad de este producto?

Se sigue acusando al pan de engordar, pero es un mito. "No perjudica a la salud. Es un tema de calidad, no de seguridad ni de valor nutritivo", señala Mariné. La diferencia está en el gusto: el pan prefabricado no tiene nada que ver con el delicioso pan artesanal, elaborado en un horno tras un largo proceso de fermentación.

El aroma y el sabor son los principales indicadores de la calidad de este alimento. Si huele a pan, buena señal: confirma el desarrollo de los ácidos orgánicos responsables de ese olor, es decir, el tiempo de reposo es el adecuado. Cuanto menos reposo, más engorda. Además, un almidón mal cocido genera una masa compacta que dificulta la digestión.

Es un motivo de la decadencia del pan, pero no el único. Muchos siguen acusando al pan de engordar. Es ¿mito o realidad? Es un mito. Al respecto, el catedrático cree que "la gente que se plantea esta pregunta no se ha parado a pensar que las calorías de los alimentos siempre engordan, vengan de donde vengan".

Las calorías engordan, vengan de donde vengan

La regla es simple: una persona gana peso si ingiere más de lo que quema. Necesitamos unas 2.000 calorías al día, y cien gramos de pan contienen entre 230 y 250. Si tomamos menos de 250 gramos de pan al día, podemos respirar tranquilos.

Muchos de aquellos que creen que el pan engorda apuestan por productos integrales. El pan integral tiene más fibra. No obstante, las diferencias de este producto con el pan blanco no son grandes. "El porcentaje de absorción del integral es menor, y no es sustancialmente más nutritivo que el blanco, sólo algo más", explica el catedrático.

Cómo comerlo y conservarlo

¿Tostado, congelado, duro, blando, frío o caliente?

Un pan que enseguida se pone duro o como un chicle indica un proceso de elaboración inadecuado. El maestro panadero Xavier Barriga no lo consumiría. En cambio, sí aconseja congelarlo si está en óptimas condiciones: "El único problema es que el pan absorbe humedad y deja de estar crujiente". Basta con enchufar la tostadora para que el alimento recupere sus propiedades originales cuando lo vayamos a consumir.

Para los dubitativos: el pan artesanal se come frío y reposado. ¿Y el industrial? "O se come caliente o hay que tener hambre para tomárselo", bromea el panadero.