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La Dra. Kathrin Schoen, gastroenteróloga infantil de Clínica Ciudad del Mar se refiere a las alergias alimentarias, qué es, de qué se trata y cuál es la diferencia que existe entre ella y lo que hoy conocemos como intolerancia alimentaria.

Cada vez y con mayor frecuencia solemos escuchar en fiestas, restaurantes y reuniones familiares a padres decir: “mi hijo es alérgico a… es intolerante al… no puede comer esto, tampoco de aquello”; reacciones adversas que tienen su origen en el consumo de un determinado alimento, pero que habitualmente no significan lo mismo, aunque sus síntomas a simple vista sean similares.

La alergia alimentaria, en estricto rigor ―indica la gastroenteróloga infantil de Clínica Ciudad del Mar, doctora Kathrin Schoen―, es un tipo de intolerancia que genera el sistema inmunológico, donde un alérgeno provoca la liberación de histamina y/u otras sustancias inflamatorias responsables de las reacciones alérgicas, cada vez que se consume el alimento involucrado. En general se observan las alergias alimentarias con mayor frecuencia durante los primeros años de vida, con una alta probabilidad de ser superadas con el tiempo.

“Tienen una mayor incidencia en esta primera etapa de la vida dado que el sistema inmunológico del menor aún se encuentra en desarrollo, por ende, es más propenso a experimentar este tipo de afecciones. En todo caso se sabe que los niños que nacen por parto natural y que reciben leche materna en forma exclusiva tienen mucho menos riesgos de padecer de alergia alimentaria que niños nacidos por cesárea y que reciben formula láctea” manifiesta la especialista de Clínica Ciudad del Mar.

Una vez desarrollada la alergia, cada vez que el niño afectado consume o está expuesto a ciertos alimentos, presenta una reacción adversa que puede ser variable y presentarse con síntomas gastrointestinales (como cólicos excesivos, diarrea y vómitos, o sangrado digestivo); problemas en las vías aéreas (dificultad para respirar); alteraciones cutáneas (hinchazón, dermatitis atópica, urticaria); o una reacción multisistémica (anafilaxia), que incluso puede poner en riesgo su vida.

Dentro de las recomendaciones para su tratamiento, y una vez que está diagnosticada la alergia alimentaria, siempre es necesario eliminar de la dieta, durante un tiempo determinado, los alimentos identificados que producen los síntomas, que con mayor frecuencia son la proteína de la leche de vaca ―que no es lo mismo que la lactosa―, luego los huevos, la soya, el trigo, pescados y mariscos. “En el caso de que la eliminación de alimentos tenga que ser muy amplia, es necesario buscar siempre suplementos con el fin de cubrir los requerimientos nutricionales del niño”, recuerda la doctora Schoen.

De acuerdo a la gastroenteróloga infantil, otras intolerancias alimentarias que hay que diferenciar de la alergia, son diferentes cuadros digestivos, donde el organismo no es capaz de digerir o asimilar correctamente un alimento o algún componente específico de éste, provocando síntomas como meteorismo, diarrea o vómitos, sin riesgo de anafilaxia. “Es por eso que los padres por lo general tienden a confundir una alergia con una intolerancia, dado que sus síntomas pueden ser bastante similares; de ahí la importancia de saber diferenciarlos”, puntualiza la gastroenteróloga infantil de Clínica Ciudad del Mar.

Entre las intolerancias alimentarias más habituales de diagnóstico están las al gluten, sacarosa, fructosa y a la lactosa. Esta última se vincula a la menor capacidad de la persona de digerir el azúcar que contiene de forma natural la leche. En estos casos se recomienda disminuir y/o evitar el consumo de leche con lactosa y de alimentos que en su preparación incluyan leche, como la mantequilla, yogurt, postres, comidas y helados, para disminuir los síntomas y reemplazarlos por alternativas de leche sin lactosa, que hoy están ampliamente disponibles en el mercado nacional y que otorgan prácticamente los mismos nutrientes con alto contenido de calcio como de vitamina D.