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El académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile, Dr. Pedro Chana, afirma que las altas cifras que presenta nuestro país en comparación a otras naciones del mundo, como revelan estudios del Journal of Clinical Sleep Medicine y el Boston College, dan cuenta de un mal que se produce por factores que van más allá de las conductas individuales. “Tenemos una sociedad bastante agitada, con costumbres nocivas muy arraigadas”, sostiene.

Un estudio publicado por el Journal of Clinical Sleep Medicine analizó cuatro ciudades de Latinoamérica y concluyó que Santiago es la que presenta la mayor población con insomnio. Según el estudio, un 41,6% de los capitalinos padece de este mal, mientras que un 23,7% debe recurrir a sedantes para conciliar el sueño. Las cifras se condicen con otra investigación realizada en 2013 por el Centro de Estudios Internacionales Timms y Pirls del Boston College, en que de 50 naciones, la nuestra se encuentra entre las ocho con más escolares y adolescentes con privación de sueño.

Para el neurólogo y profesor de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile, Dr. Pedro Chana, estas cifras son “preocupantes” y revelan que, lejos de ser causadas por conductas individuales, están impulsadas por el estilo de vida que impone nuestra sociedad. “Lo que están diciendo estas estadísticas es que, más allá de un componente biológico, el tema del sueño es un factor psicosocial que está influido por muchos factores”.

“Es evidente que la manera de vivir en Chile genera condiciones que hacen que tengamos una mayor incidencia a este tipo de patología”, continúa. “Tenemos una sociedad bastante agitada con costumbres nocivas muy arraigadas”.

El doctor detalla que estos factores van desde tener un televisor dentro de la pieza hasta la manera en que se estructuran y relacionan las familias. “Evidentemente, son conductas de nuestra sociedad donde se propende a eso. Por ejemplo, trabajemos largas jornadas y, muchas veces, improductivas”, indica.

Otro factor son los cambios de hora donde predominan “las lógicas economicistas”, afirma. “Se modifica porque tenemos más luz y consumimos menos electricidad, sin pensar en las personas y sus necesidades. El ajuste debe relacionarse estrictamente con la salud de la población porque, al final, la economía es justamente para cuidar eso”.

En ese contexto, sostiene que “hay miradas más amplias para resolver el problema, sobre las cuáles la medicina solo puede llamar a la alerta. Aquí hay factores más generales que habría que abordar”.

“Estamos viendo que la salud mental de nuestra población está afectada. Si uno mira otros estudios, se obtiene que Chile es un país con altos índices de depresión. Por lo tanto, yo sumaría todos los factores y los resolvería desde una mirada más global”, propone.

Agrega que “Chile ha hecho una inversión importante en salud mental, pero todavía falta más”. “Si miramos estos niveles de insomnio como un indicador, obtenemos una sociedad donde se está construyendo una relación de malestar”.

Para el especialista, no cabe duda de que las cifras de insomnio en el país continuarán al alza si no se aborda el problema desde la política pública. “Esto ha ido subiendo y la situación ha empeorado de manera consistente”.