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La psicóloga clínica y directora del Centro de Atención Psicológica de la Universidad de Santiago, Jade Ortiz, sostiene que las cifras del informe internacional dan cuenta de un problema “cultural”, donde el sistema público de salud carece de terapias adecuadas que permitan seguir los casos y desarrollar estrategias para enfrentar el trastorno. “El Gobierno ha hecho una apuesta por la atención primaria, pero esta se queda corta porque, finalmente, no logra responder a la tarea de prevención que le corresponde para trastornos de este tipo”, critica.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó ayer los resultados de su informe “Depresión y otros Desórdenes Mentales Comunes”, donde ubica a Chile como el cuarto país de Latinoamérica con mayor prevalencia de la depresión, con 844.253 casos diagnosticados, equivalentes al 5,0% de la población. Solo Brasil (5,8%), Cuba (5,5%) y Paraguay (5,2%) superan a nuestra nación en esta lista.

Al respecto, la psicóloga clínica y directora del Centro de Atención Psicológica de la Universidad de Santiago, Jade Ortiz, critica la manera en que se está abordando la enfermedad en Chile. “Respecto a las personas que están con depresión, los tratamientos del sistema público mediante el AUGE y fármacos están bien, pero no solucionan la forma de pensar. Ayudan con la sintomatología durante un tiempo, pero las psicoterapias son un chiste”, sostiene.

Ortiz grafica la situación, señalando que “los colegas que están en los Centros Comunitarios de Salud Mental (COSAM) solo tienen treinta minutos para atender a una persona y por una vez al mes. Eso no soluciona la depresión. Es más, la aumenta, porque hace que la gente se vaya de los lugares sin desarrollar estrategias”.

“No hay psicoterapia que resista media hora, una vez al mes, para realizar un proceso. Está mal enfocado el tratamiento de la depresión”, enfatiza.

El ministerio de Salud señaló que solo 2% del presupuesto nacional se destina a salud mental, en circunstancias que el gasto debiera estar entre el 5 y 6% estiman en la cartera. Ortiz coincide con la autoridad, pero señala que la inversión debiera ser, incluso, mayor.

“Una cosa es el presupuesto para atender a la gente que ya ha desarrollado los trastornos y otra es, efectivamente, invertir en prevención”, cuestiona. “El Gobierno ha hecho una apuesta por la atención primaria, pero esta se queda corta porque, finalmente, no logra responder a la tarea de prevención que le corresponde para trastornos de este tipo”, enfatiza.

“Hay mala inversión, poca cantidad de dinero y se piensa poco dónde están las causas y los lugares que hay que fortalecer. Eso implica invertir más no solo en salud mental, sino que también para que los padres realicen una mejor crianza”, continúa.

Aunque reconoce la responsabilidad que le corresponde a cada individuo para prevenir la depresión, es enfática al señalar que “el Estado también debe hacerlo”.

“Hemos perdido el norte, y si seguimos como estamos, lo más probable es que siga creciendo la tasa de depresión”, lamenta.

¿Por qué Chile?

Según la académica, el resultado “nos indica que estamos haciendo algo mal como cultura”. “Que los índices estén más altos en algunos lugares indica que hay una psicopatología cultural, que hace que esa cultura desarrolle más esos índices”, explica.

“No todas las depresiones son reactivas a una situación, como la muerte de un familiar o cercano”, indica. “También, tienen que ver con el estilo de vida, la crianza, los sistemas educativos, cómo estamos pensando el éxito y cómo nos relacionamos con otras personas”, continúa.

En ese sentido, señala que “somos un país que ha ido perdiendo la proporción entre lo que es bueno para la vida versus este ideal de éxito que nos hemos impuesto, que hace que corras en una ciudad altamente rápida como Santiago”.

“En este momento, somos caldo de cultivo para desarrollar la depresión”, concluye.